SUDÁFRICA: LA POLÍTICA DE LA DISIDENCIA (ANDRÉ BRINK), EL "APARTHEID" Y MANDELA
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iempre he coincidido a plenitud con el expresivo
coro del Raza de Juanes en sus tiempos de integrante de la banda
de thrash metal y rock Ekhymosis:
“…Blanco;
negro; mestizo; indio y mulato es igual / Sangre del mismo color / Más no del
corazón…”.
Aún más:
Con la oda, Canta conmigo, de don Nando
Marín que, idealizada por Diomedes, dicta con tesón esa súplica, quizás, hoy en
deuda, “…¡Ay ver junto una mujer blanca con una negra! / ¡Y que no existan
rencillas por el color! / ¡Ay ver junto una mujer blanca con una negra! / ¡Y
que no existan rencillas por el color!...”.
Así que, si, de verdad, nos consideráramos sangre
del mismo color y, al unísono, deseáramos ver junto a esa mujer blanca con una
negra para que nunca más existan rencillas por el color, entonces, el
denominado Día de la Raza (12 de octubre) no sólo sería para
celebrar ese concepto biológico de la propia raza.
Más bien, en unión con lo sostenido por el Instituto
de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires – UBA,
este plantea la necesidad de abordar en dicha fecha y día histórico, por demás,
una perspectiva de memoria y etnohistoria en análisis de los conflictos
territoriales y las disputas por el sentido del paisaje y los monumentos ejemplificado
en regiones como la Patagonia argentina y el archipiélago de Tierra del Fuego
dividido entre la Argentina y Chile; inclusive: gestar la promoción de espacios
de debate desde el Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y
Subordinadas (GEMAS) centrados en el análisis del colonialismo, el
racismo de Estado y las demandas de los pueblos originarios.
Pero si se trata de análisis sesudos concernientes
a, por ejemplo, conflictos territoriales o acerca de ese fatídico racismo de
Estado, __tal como fue caso del apartheid en una Sudáfrica
de tiempos inmemoriales que temerosa de volver a mirar hacia atrás ese pasado
fantasmal, fue totalmente segregada por su color__, es motivo
para, a través de este espacio de columna, hacer efectiva la transcripción de
una serie de postulados teóricos de La política de la disidencia: André
Brink que, propuestos en mis tiempos de estudiante de comunicación social,
para la materia Lecturas y lectores II, llevé a cabo acerca de tan
interesante y reflexivo ensayo compilado en Contra la censura: Ensayo sobre
la pasión por silenciar (publicado originalmente en 1996 y, once años
después, en español, gracias a Ed. Debate) del también autor sudafricano, Premio
Nobel (2003), John Maxwell (J.M.) Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940).
Valga anotar que, Contra
la censura, es un libro recopilatorio de ensayos en los que
Coetzee analiza el impacto psicológico, político y creativo de los mecanismos
de control de la expresión, basándose, en gran medida, en su propia
experiencia de vida y trabajo bajo el régimen del apartheid en
Sudáfrica.
De igual manera plantea que la censura “…no debe
entenderse simplemente como un aparato estatal administrativo, sino como una "pasión
por silenciar"…” y analiza, desde la psicología del censor,
“…la mentalidad de quienes ejercen el poder, quienes se autoconvencen de que
actúan por el bienestar o la protección de los demás, cayendo en una dinámica
autoritaria e intolerante…”. (Infobae,
2016).
Acto seguido, de acuerdo a la página Traficantes
de sueños, examina como distintas figuras históricas y
literarias lidiaron con la represión, entre tantos, Erasmo de Rotterdam
y los inicios de la intolerancia religiosa; Osip Mandelstam (obligado a
componer una oda a Stalin); Aleksandr Solzhenitsyn y su abierto enfrentamiento
contra el aparato soviético o el caso de otro autor sudafricano en
referencia a Breyten Breytenbach (1939-2024) en calidad de escribano de poesía
bajo vigilancia carcelaria.
Ahora bien, por otro lado, sobre La política de
la disidencia: André Brink, objeto del presente texto, a pesar que Brink
(1935-2015), __otro de los tantos autores destacados sudafricanos en
épocas del apartheid__, exteriorizó, desde sus ensayos, su
férrea defensa a la libertad de expresión lo que le valió enfrentamientos
directos contra ese régimen que prohibía y perseguía la literatura que
cuestionaba el sistema de segregación racial, el Premio Nobel
Coetzee, en palabras de la reseña de Contra
la censura “…En
el tercero de estos capítulos (Cap. XI),“La política de la disidencia”, el
análisis se invierte, ya que en esta ocasión, lo que se analiza es la labor
teórica de la víctima, en este caso del novelista sudafricano André
Brink, sudafricano, en torno a la dialéctica y la interacción del artista
con el poder…”.
En otras palabras, la realización de una
profunda e incómoda disección teórica y psicológica sobre la interacción entre
el escritor disidente y las estructuras del poder del apartheid.
Visto esto, ya es tiempo, pues, para responder o
integrar mis postulados de antaño sobre La política de la disidencia:
André Brink, los cuales dividí en seis criterios, a saber: 1.) Un
vistazo a André Brink; 2.) Disidencia y censura: definiciones;
3.) Sobre la política de la disidencia según Brink: a.) Escritor
y Estado; b.) La lucha; c.) Conciencia y verdad
y d.) “Locuras” y “mentiras”: (i.) Estallido de la Violencia
en Soweto, (ii.) Del apartheid: definiciones y (iii.) Otros
aspectos; 4.) La década de 1980; 5.) Los censores
y 6.) Finalización: Mandela, líder ineluctable.
Comencemos:
1. Un
vistazo a André Brink
André Philippus Brink
(Vrede, 29 de mayo de 1935 - 6 de febrero de 2015), fue un novelista
sudafricano conocido por su lucha antiapartheid.
Escribió tanto en afrikáans como en inglés y
fue profesor de inglés en la Universidad de Ciudad del Cabo.
Brink escribió sus obras simultáneamente en
afrikáans e inglés.
Sus primeras novelas tocaban temas relacionados
con la política de apartheid.
Los textos de Brink sobre la censura
se pueden clasificar en dos grupos: el primer grupo corresponde a lo que él
denomina strydperk, la fase de confrontación más o menos declarada
entre escritores disidentes y censores oficiales. El segundo grupo
corresponde a la década de 1980, cuando empezó a relajarse el control de los
censores sobre libros y periódicos.
2. Disidencia
y censura: definiciones
·
Disidencia:
f. (lat. dissidentia). Separación. Grave
desacuerdo de opiniones. SINON. Discrepancia, desacuerdo, escisión, cisma,
secesión (Larousse, 1995, p. 365).
·
Censura:
f. Cargo y funciones del censor: la censura de
Catón fue extraordinariamente severa. Juicio, criterio que se hace de una
obra. Intervención de la autoridad en las cosas públicas o privadas: censura
del correo, de los espectáculos. Crítica, murmuración: exponerse a la
censura pública. (SINON. V. Reproche) (Larousse, 1995, p. 218).
3. Sobre
la política de la disidencia según Brink
a.) Escritor
y Estado:
Considerar la censura y, en general, la represión
de la disidencia como algo inherente a la naturaleza del poder estatal; escritor
y Estado se hallan enzarzados en un antagonismo irreconciliable. El antagonismo,
por tanto, entre escritor y Estado es claro y simple. El escritor trata de
decir su verdad y el Estado trata de reprimirlo; o el estado ofrece tentaciones
a las que el escritor o bien sucumbe o bien responde con un no que
afirma la verdad. Como segundo modelo, desarrollado a finales de la década
de 1970, la relación entre escritor y Estado se hace más compleja y más
dialéctica. Brink regresa al ejemplo de Antígona “…la primera rebelde de la
tradición occidental…”. Al igual que Antígona, el escritor obedece a la
autoridad superior de su propia conciencia, lo lleve a donde lo lleve. De ello
resulta una inevitable tensión entre él y el Estado.
El escritor y el Estado si bien, necesariamente,
reivindican mandatos diferentes y parten de posiciones diferentes, no están,
desde un punto de vista más amplio, condenados a ser antagonistas: es posible
cierta crítica recíproca saludable que beneficia a la sociedad en general. Solo
cuando la crítica se convierte en represión ambos se convierten en enemigos; lo
que ocurre con demasiada frecuencia en la realidad es o que el poder trata
ávidamente de extenderse, lo cual obliga al escritor con conciencia a
protestar, o que, sintiéndose amenazado por el escritor, el Estado reacciona
movilizando contra él fuerzas atávicas. El estado no reconoce que el
intelectual, y, en particular, el escritor es, de hecho, un órgano desarrollado
por la sociedad para responder a la necesidad que esta tiene de comprenderse.
b.) La
lucha:
El autor (Brink) como teórico del conflicto entre
escritor y Estado ocupa una posición por encima de las partes en pugna. En
realidad, su posición es más compleja. El censor se encarga de personificar
los principios esbozados por el Estado (y, por lo tanto, de ocupar la posición
de un hipotético ciudadano ideal) mientras al mismo tiempo actúa como juez.
Interrogantes esenciales:
·
¿Cuál es el contenido polémico de los respectivos
modelos de Brink?
1.) Las
parejas mediante las cuales Brink dramatiza la oposición entre escritor y
Estado (preso, condenado y tirano); 2.) La lucha propiamente es desigual
y, de hecho, de carácter anómalo; 3.) La lucha resulta completamente clara
desde el punto de vista moral. El estado defiende La Gran Conspiración de
la Mentira mientras que el escritor no acepta ningún pacto con la
mentira. El escritor proclama Un Orden Superior. 4.) “…Cuando al
escritor se le concede solo la libertad de pronunciar las letras de la A a la
M, su palabra adquiere de inmediato un peso peculiar si arriesga no solo su
comodidad sino también su seguridad personal para decir N, V o Z. Debido al
riesgo que ello comporta su palabra adquiere una nueva resonancia: deja, en
realidad, de ser “simplemente” palabra para entrar en el mundo también como
acto de derecho propio…”. (M, pp. 164-165); 5.) La victoria del escritor es
inevitable (esta es la paradójica otra cara del carácter anómalo de la
lucha); 6.) La confrontación es ineludible. Ello es así no solo porque la
vocación del escritor lo impulsa a seguir su conciencia sino también
porque al estar unido a él como una especie de sombra el Estado no permitirá
que el escritor lo ignore y 7.) El escritor nunca inicia la confrontación: entra
en liza solamente en respuesta a atropellos por parte del Estado o a los
esfuerzos del Estado por silenciarlo.
·
¿Por qué al Estado le cuesta tanto coexistir con
sus mejores miembros?
Brink cita a Orwell: “…El objeto del poder es el
poder…” (LS, p. 158). Y prosigue: “…el poder… es narcisista por
naturaleza, se esfuerza constantemente por perpetuarse por medio de la
clonación y se acerca cada vez más a un estado de completa homogeneidad por el
procedimiento de expulsar todo lo que le parece extraño o desviado…” (M, p.
173). Al señalar el carácter cerrado que adquirió el lenguaje en la Rusia de
Stalin, Brink plantea que uno de los deberes más imperiosos del escritor es
destruir las polaridades simplistas y revelar las complejidades (M, pp.
202-203). Forma parte de la naturaleza del Estado tender a la homogeneidad e
imponer la conformidad homogénea a sus ciudadanos; la presencia de una
inteligencia escéptica, diagnóstica, en el cuerpo social despierta su
antagonismo en un nivel casi instintivo.
c.) Conciencia
y verdad:
Brink se refiere a Antígona; ella es la ciudadana
que, aconsejada solo por su propia conciencia, se rebela contra el Estado en
nombre de “la verdad” de “un Orden superior”. Ahora bien: ¿cómo
logra el escritor acceder a esta verdad? En uno de los apartes explicativos
de Brink se resalta que, a través del acto de escribir, se comunican
verdad y libertad. El escritor es, pues, el portador del logos divino.
Ignorar sus momentos de iluminación, ocultar la verdad, es traicionar a lo que
hay en su interior de divino. La verdad de la que es portador exige ser
proclamada: “…Cuando la conspiración de mentiras que me rodea me exige que
silencie la única palabra de verdad que se me ha otorgado, esa palabra se
convierte en la palabra que deseo pronunciar por encima de todas las demás…”.
(M, p. 165).
Ahora, ¿es siempre el escritor un vehículo
adecuado para la verdad que se le ha confiado? Brink da a entender dos
modos en que el escritor puede traicionar su misión: primero, subordinando
sus propios principios estéticos al ansia de lucha; segundo, sucumbiendo al
atractivo de decir lo prohibido por la simple razón de que está prohibido.
La verdad ya no es simplemente materia de la inspiración del escritor: tiene
que entrar en una dialéctica social para que se ponga a prueba su validez más
general. Sin embargo, es condición necesaria de dicha prueba la libertad del
escritor para presentar su verdad ante el público, para publicarla. En el
primer modelo, la censura prohíbe que la verdad llegue al pueblo; en el
segundo, el censor sencillamente cierra el camino de la conquista de la verdad.
Interrogante esencial:
·
¿Por qué el Estado aborrece la verdad?
Brink que, escribe teniendo en mente la Sudáfrica
gobernada por blancos y otros estados autoritarios comparables, no tiene que
responder a la pregunta formulada de modo general. Como la tiranía se basa en
la mentira, simplemente forma parte de su naturaleza odiar la verdad; como
odia la verdad del artista, el Estado tiránico trata de hacerla desaparecer.
d.) “Locuras”
y “mentiras”:
(i.)
Estallido de la Violencia en Soweto (junio de 1976)
·
Sangriento levantamiento en Soweto
El ‘Apartheid’ cobró nuevas víctimas
“…Uno de los más sangrientos y dramáticos
alzamientos raciales en Suráfrica empezó el 16 de junio, como una marcha
pacífica de 10.000 estudiantes en el barrio de Soweto (Johannesburgo) para
protestar por el bajo nivel de las escuelas de negros. La manifestación
degeneró en una masacre de más de 600 estudiantes por parte del gobierno
surafricano y en revueltas violentas que se extendieron durante todo el año. El
año pasado se promulgó una ley que obligó a las escuelas de secundaria para
negros a enseñar en afrikáner, el idioma de los blancos, en lugar de inglés…”.[1]
(ii.)
Del apartheid: definiciones
·
m. Política de segregación racial practicada en la
Rep. Sudafricana, hasta su abolición of. en 1991 (Océano, 1995, p. 109).
·
m. (pal. afrikáans). Segregación racial en África
del Sur (Larousse, 1995, p. 79).
(iii.)
Otros aspectos
Demente es una palabra que Brink aplica con
frecuencia a la Sudáfrica de los años del apartheid; otra es “enferma”.
El escritor está en el bando de la salud y la cordura, el Estado en el de la
enfermedad y la locura. Desde la Sudáfrica del apartheid: Sudáfrica en “…un
mundo enloquecido… [una] ciénaga de violencia e histeria…”. (M, p. 152); “…estructura
demencial…” (M, p. 201); “…una enfermedad mental… una psicosis de
miedo…”. (M, p. 205); “…una psicosis sobre un <estado de
excepción>…”. (LS, p. 91).
Es una nación de “…cerdos ganaderos…” (LS,
p. 150); el afrikáner (grupo étnico de raza blanca en el sur de África), es un “…esquizofrénico
político y cultural…” (M, p. 95), mientras que el aparato de censura es “…[un]
organismo social en estado de desarrollo excesivo, canceroso…”, “…el
núcleo de una célula cancerosa que se divide, se subdivide y se multiplica
rápidamente para poner en peligro todo el cuerpo…” (M, pp. 236 y 249). Si
el Estado está enfermo, su enfermedad ha empezado a transmitirse.
4. La
década de 1980
La batalla librada por Brink contra los censores
sudafricanos, __los hombres y mujeres a quienes Breyten
Breytenbach apodó Los Grises__, perdió urgencia a
medida que fue transcurriendo la década de 1980 y empezó a relajarse la censura
sobre las obras literarias en particular. La nueva libertad que se concedía
a los escritores era, a todas luces, un acto de relaciones públicas. “…Ahora
bien, ¿es eso una razón para permanecer callado y de ese modo hacerles aún más
perfectamente el juego a los que mandan?...”. (M, p. 256).
5. Los
censores
En 1980, J.C.W. van Rooyen, un jurista académico,
había sido designado para presidir el Consejo de Apelación sobre Publicaciones,
máximo tribunal del sistema de censura. Su mandato se caracterizó sin duda
alguna por una actitud más conciliadora hacia escritores y académicos. En su
libro, Van Rooyen admitía discretamente que los censores habían desempeñado
un papel demasiado parcial en la vida intelectual sudafricana de las décadas de
1960 y 1970. La nueva política correctora de su mandato permitiría la “protesta
contundente” al estar “…basada en la filosofía de que con frecuencia es
conveniente para la seguridad del Estado permitir la expresión de sentimientos
y quejas contenidos…”. (CSA, pp. 14-16).
Los cálculos que llevaron a un cambio de política
de censura eran de índole estratégica y política: tenían poco que ver con la
moralidad o con los principios de la comunidad y nada que ver con lo que Brink
llama “la verdad”. La cuestión ya no era si en el interior de Sudáfrica
debía tolerarse la existencia de ciertos textos ofensivos o indeseables por
otros motivos, sino si Sudáfrica (la Sudáfrica blanca) podía permitirse crisis
polarizadoras recurrentes debidas a asuntos simbólicos, pero por los demás
insignificantes; dicho de otro modo, si unas personas que retenían el poder
sólo débilmente podían permitirse las consecuencias políticas de la violencia
recíproca entre escritores y censores. Se negoció una nueva constitución que
incluía una declaración de derechos que garantizaba la libertad de expresión.
6. Finalización:
Mandela, líder ineluctable
MANDELA, Nelson Rolihlahla (nacido 1918) Político
sudafricano. Luchador por la integración racial. Premio Bruno Kreisky
para los derechos humanos en 1981. Premio Simón Bolívar de la Unesco en 1983.
Encarcelado desde 1964, su liberación en 1990 había sido reclamada por varios
organismos internacionales. Premio Nobel de la Paz en 1993, compartido con el
presid. sudafricano F.W. De Klerk. El difícil camino hacia la libertad.
En mayo 1994 accedió a la presid. del país, en las primeras elecciones libres y
multirraciales (Océano, 1995, p. 1010).
1964: Mandela, a prisión 11
de junio. El abogado surafricano Nelson Mandela fue condenado
a cadena perpetua por sabotaje y por conspiración para derrocar al gobierno de
Suráfrica. Es el dirigente del Congreso Nacional Africano, que se opone a la
política del apartheid, en la clandestinidad.
·
Lucha contra el “apartheid”
Nelson Mandela, libre
1990: Luego de permanecer 27 años en prisión debido a
su militancia en contra de la segregación racial [apartheid], el
dirigente surafricano Nelson Mandela recobró su libertad el 11 de febrero. Una
semana antes, el presidente blanco F.W. de Klerk, legalizó el Congreso Nacional
Africano (CNA), la organización que ha encabezado la lucha contra el apartheid.
Desde principios de siglo, los blancos tienen el control absoluto del país,
mientras que la mayoría negra ha sido sometida por una política segregacionista.
En 1960, Mandela encabezó el ala militar en el Partido Congreso Nacional
Africano.
·
Fin de una época oscura
El “apartheid” ya no existe
1993: El apartheid, el fenómeno de
segregación social más denigrante del siglo XX, terminó en Suráfrica el 22 de
diciembre, cuando el Parlamento de ese país, con predominio de blancos,
aprobó la nueva Constitución y una serie de acuerdos que reconocieron igualdad
de derechos a todos los ciudadanos. El histórico acuerdo fue logrado
gracias al líder del Congreso Nacional Africano, Nelson Mandela, y al
presidente surafricano, Frederick De Klerk.
·
Se consolida fin del racismo
Comenzó la era de Mandela en Suráfrica
1994: En abril, la población negra fue por primera
vez a las urnas en Suráfrica, eligiendo presidente a Nelson Mandela, líder del
Congreso Nacional Africano. Así, sellaron el fin de 342 años de
dominio blanco, 46 de apartheid y el aislamiento internacional. El otro
artífice de este salto histórico es el hasta ahora presidente, el blanco
Frederik De Klerk, quién ocupará la vicepresidencia. Se instauró un Gobierno de
Unidad Nacional para mejorar la calidad de vida de los sectores más
desfavorecidos.
En definitiva, Mandela terminó siendo un profeta en
su propia tierra al asestar el siguiente golpe de autoridad: “…Una nación no
debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo
trata a los que tienen poco o nada…”.
---
Piero, mi querido viejo: adhiero
a dos líneas no más del debido pronunciamiento de la famosa discográfica,
Discos Fuentes, en despedida del icónico cantautor ítalo / colombo / argentino Piero
Antonio Franco De Benedictis (PIERO): “…se apaga una de las voces más
sentidas, queridas e inolvidables de nuestra América Latina…”; “…Su
legado cruzó fronteras y marcó la vida de generaciones enteras con letras que
se quedaron grabadas para siempre en el corazón de nuestras gentes…”. En
simultáneo, tarareo algo así como “…Piero, mi querido viejo / Ahora ya
caminas lerdo (camino al cielo) / Como perdonando al viento / Yo soy tu sangre,
mi viejo / Soy tu silencio y tu tiempo…”. Paz en su tumba.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
Referencias:
AP.
(s.f.) South Africa: Au Revoir Apartheid?, Soweto Riots In 1976, South
Africa: Vote, The Beloved Country [Video]. YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=-gJ6z6YYv60
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(2000). Mandela a prisión. Siglo XX a través de El Tiempo 1900-1999 (Año
1964). Bogotá: CEET.
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(2000). Nelson Mandela, libre. Siglo XX a través de El Tiempo 1900-1999
(Año 1990). Bogotá: CEET.
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(2000). El “apartheid” ya no existe. Siglo XX a través de El Tiempo
1900-1999 (Año 1990). Bogotá: CEET.
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(2000). Comenzó la era de Mandela en Sudáfrica. Siglo XX a través de El
Tiempo 1900-1999 (Año 1994). Bogotá: CEET.
Coetzee, J. (2007). La política de la disidencia (André Brink). Contra la censura, ensayos sobre la pasión de silenciar. (pp. 243-254). Debate.
[1] CEET (2000). El ‘Apartheid’
cobró nuevas víctimas. Siglo XX a través de El Tiempo. 1900-1999 (Año
1976). Bogotá: CEET.
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