BORA LULA
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se tufillo de fraude que terminó imponiendo a
Espriella en la presidencia de Colombia fue el mismo que percibió el pueblo
brasileño mayoritariamente seguidor de Lula en la celebración de las
presidenciales (a dos vueltas) fechadas para el 4 y 25 de octubre,
correspondientemente, y que terminó arrojando un primer escenario, algo
escabroso, ajustado, en suma, a todos los pronósticos y probabilidades que
dejaron de ser un secreto a voces: la victoria, en primera, del
ultraderechista, Flávio Bolsonaro, primogénito del golpista, adorador de Hitler
(Jair): ex presidente del Brasil (2019 a 2021) hoy condenado a 27 años y 3
meses de prisión por los delitos de intentona de golpe de Estado, abolición
violenta del Estado de derecho y liderato de una organización criminal armada
tras perder las elecciones de 2022, precisamente, contra su archienemigo Lula.
¡Qué joyita!
No obstante, por el transcurrir de esas tres
semanas hasta la llegada del día cero (o 25), ese pueblo, __si, en
su mayoría Lulista__, comprendió el mensaje. Tan simple como elemental
que se resume en una sola palabra: soberanía.
Aparte de los cojones que tuvo Lula al advertirle
al senil, Trump, principal conspirador para que las ultraderechas que tanto
idolatra (así como las imágenes y semejanzas de los genocidas Hitler y
Netanyahu) se hayan tomado así porque sí varios países del continente, en
especial, Honduras, Bolivia, Chile y Cocalombia que no se metiera ni
interfiriera en las elecciones presidenciales __que, en franca lid,
acaba de ganar__, tampoco ese pueblo se dejó caer en las garras (no
del tal tigre colombiano) sino de esa trampa manifiesta con granja de bots,
desinformación, mal información e intromisión a bordo de una Inteligencia
Artificial (IA) cuasi sin control, aunque experta en hacer política de la mala.
Más bien, lo que sí se aplicó por esos lados fue
una contrarrevolución a esa perversidad digital que, ejemplo claro, no hubo en
Colombia, so pretexto para contener esa misma trampa manifiesta que querían
descargarle con toda a Lula, pero que, a fin de cuentas, terminó, pues,
desprestigiando no tanto la campaña sino la persona del candidato de la
izquierda, Iván Cepeda, a pesar que, gracias a los no incautos, obtuvo algo más
de 13 millones de sufragios.
Palabras más, palabras menos, aparte de que ese
pueblo comprendió, a última hora, que el asunto se trataba de soberanía, tuvo
los cojones (como Lula) de impedir el retorno de esa maleva ultraderecha que
anhelaban los americanos en el Brasil, __con Bolsonaro (hijo) a la
cabeza__, y cuyo primer acto de gobierno, sin lugar a dudas, era la
búsqueda, a toda costa, de la anulación de la condena que hoy pesa contra su
padre: aquel golpista de extrema recordado en tiempos de la Covid-19 por
su término despectivo Gripinha.
Fueron 64.256.232 votos (51,79%) a favor del
candidato del Partido de los Trabajadores – PT Luiz Inácio Lula da Silva
contra 59.826.041 votos (48,21%) obtenidos por Bolsonaro (avalado por el Partido
Liberal – PL); lo que indica una holgada victoria para el primero y un
triste final para el segundo, pues, al salir derrotado de la contienda, no
reconoció los resultados, solicitó la debida anulación de las elecciones por “irregularidades”
sin tener prueba alguna en mano, y, ¡oh sorpresa!, no le faltaron dos patas para,
de contera, salir como correcaminos, rumbo a los Estados Unidos, al parecer, sin
fecha de retorno.
(¿Por qué los presuntos delincuentes siempre buscan
como esconderos a peso las naguas de los americanos? ¿Y cómo es eso que pudo
participar en un proceso electoral mientras en el Supremo Tribunal Federal
de Brasil – STF enfrenta procesos judiciales por lavado de dinero,
corrupción y evasión fiscal?).
Es que hijo de tigre (eso sí, al estilo del colombiano)
sale pintado. Y si los informativos de carácter privado tanto nacionales como del
Brasil taparon los antecedentes del ex candidato Bolsonaro, no se les notó para
nada contentos con la victoria de Lula: cuarta en su historial político para
continuar al frente del gigante sudamericano.
La cobertura informativa enfocada en la
polarización del país, la inestabilidad de los mercados económicos y los
profundos retos legislativos fueron la punta del iceberg para encontrar
titulares colombianos al orden del día como “…Lula logra victoria histórica
frente a Bolsonaro en un Brasil dividido: ¿cómo gobernará ante un Congreso
adverso, presiones económicas y Trump?”. (El Tiempo); “…Los
duros retos que tendrá Lula da Silva en su cuarto periodo en la presidencia
de Brasil…”. (Semana); “…De la Espriella habla sobre victoria
de Lula da Silva…”. (Noticias Caracol) o el enfoque que Noticias
RCN y su filial de noticias internacional, NTN24, le dio a la caída
del Real brasileño superior al 8-10%.
Además de esto, no faltó al interior de los
principales conglomerados de medios de comunicación privados de Brasil, __vinculados
históricamente a los sectores financieros y empresariales__, el cómo
cubrieron la victoria de Lula bajo una narrativa que balanceó el reconocimiento
de su remontada histórica frente Bolsonaro, pero con fuertes alertas sobre la
inmediata inestabilidad financiera, la fuerte polarización social y un Congreso
adverso, por ejemplo, “…Lula es reelegido en una remontada histórica, pero
asume un Brasil profundamente dividido y con resistencia parlamentaria…”.
(O Globo); “…Lula vence a Flávio Bolsonaro en la elección más reñida
de la historia y asume el reto de pacificar el país…”. (Folha de
S. Paulo); “…Lula vuelve a ganar: los desafíos de gobernabilidad ante
un Congreso de derecha y la desconfianza del mercado…”. (Estadão);
“…Flávio Bolsonaro solicitará la anulación de las elecciones tras un
escrutínio bajo sospechas…”. (Grupo Jovem Pan) o el titular desencadenado
por Record TV / Portal R7: “…Brasil elige la continuidad de Lula en
medio de un clima de polarización extrema e inminentes disputas judiciales…”.
En comparativa con lo anterior, sin sonrojo,
adhiero a los titulares que emitieron los medios alternativos de Colombia y del
Brasil como actores fundamentales de ese contrapoder mediático privado.
El periodismo independiente nacional retrató la
victoria de Lula así: “…La resistencia popular brasileña frena el avance
de la extrema derecha de los Bolsonaro en América Latina…”. (La
Nueva Prensa), “…Lula Da Silva consolida una remontada histórica en
las urnas frente al neofascismo en Brasil…”. (Revista Raya) y de
acuerdo a Cuestión Pública (CP): “…Lula Da Silva vence la
desinformación y asegura su cuarto mandato presidencial...”.
Y el de Brasil proclamó: “…La fuerza del
pueblo vence al miedo: Lula es reeleito presidente en una histórica virada
popular…”. (Brasil de Fato); “¡Venció la democracia! El pueblo
de Brasil derrota al bolsonarismo en las urnas…”. (Mídia Ninja);
“…El gigante respira: Lula derrota la máquina del odio de Flávio
Bolsonaro…”. (CartaCapital) y “…A pesar del sabotaje electoral, el
pueblo consagra a Lula para su cuarto mandato…”. (Diário do Centro do
Mundo (DCM) / Brasil 247).
Dada la victoria de Lula, lo más probable de todo
este panorama político brasileño es que la oposición de la ultraderecha
bolsonarista buscará declararle la muerte política tramando, por todos los
medios posibles, la resurrección del proceso contentivo a la denominada Operación
Lava Jato en la que Lula terminó envuelto, a pesar que logró salir avante
gracias a decisiones del STF que anularon sus condenas debido a fallas
graves en el debido proceso y a la parcialidad del juez sin que esto signifique
del todo su inocencia en el mayor caso de corrupción en la historia del Brasil
por el cual purgó 580 días de condena.
Pueda ser que, si nada extraordinario llegara a
ocurrir, continúe en la marcha con la conquista de sus programas sociales como
el Bolsa Família prometiendo un aumento del 15% en el programa de
transferencias monetarias a hogares en situación de pobreza; de las reformas
laborales y productivas como la ampliación del Plan Safra para financiar
al campo y fortalecer la industria nacional con inversión pública y desarrollo
productivo; la propuesta de deforestación neta cero para 2030; la creación de
un Ministerio de Seguridad Pública y el fortalecimiento de la presencia del
Brasil en los BRICS y el Mercosur en manutención de la relaciones
bilaterales estratégicas.
¡“Bora Lula”! ¡“Fora Bolsonaro”!
P.S. 1. Lamentable el grado de abyección al que está
llegando el Congreso de la República (supuesto recinto dizque “sagrado” de
nuestra ¿democracia?). Ni en las gloriosas épocas de Gustavo Petro y Jorge
Enrique Robledo se veían cosas tan nauseabundas como las de hoy. Cuánta razón
tenía mi padre, alma bendita, cuando me decía con su característico sentido del
humor “…mijo: El Chavo del 8 y el circo del Congreso son los dos mejores
programas de televisión que hay…”. ¡Total! (Y complemento la parrilla de
programación con estos otros dos: por si acaso, las primeras dos temporadas de Francisco,
el Matemático y la histórica, Betty, la fea, acá entre nos, la
ministra de Hacienda que necesitaría con urgencia el ilegítimo presidente Tim
McCoy, ¡pero ese misógino que va a aceptar feas en su gabinete!).
P.S. 2. Mi apoyo fraterno y absoluta solidaridad para con
la dinastía Zuleta (en cabeza del patriarca, Poncho) y las familias de
los integrantes de la agrupación vallenata de Kbeto Zuleta luego del
grave accidente de tránsito acaecido en la madrugada del lunes, 26 de octubre, que
dejó un saldo trágico de cuatro personas fallecidas y al menos 17 heridas. Maestro
Poncho: murmúrele a Kbeto Mi niño se creció. Será un
bálsamo para el alma de su bendito hijo. Amén.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
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