DON ABEL ANTONIO NO HA MUERTO, ESTÁ DE PARRANDA

“…Fueron cinco noches que me hicieron de velorio

Para mis nueve noches todavía me deben cuatro…”.

(Abel Antonio Villa)

 

E

s que la historia cuenta que en 1943 lo dieron por muerto, lo velaron de cuerpo ausente durante cinco noches y, así de la nada, “resucitó” de las tumbas que imaginaron los muchachos que sintieron su supuesta partida a fin de exigir no las cinco noches faltando cinco pa’ las doce sino, más bien, las nueve noches de velorio “bíblicas” en honor a su alma bendita y ¡vivita y coleando! por los cuatro puntos cardinales de Piedras de Moler (Magdalena), su terruño natal.

 

Lo más seguro es que, en aquellos tiempos remotos, anduvo de parranda con Juancho Polo: otro sibarita que, por estar de juerga, no captó el último suspiro de su Alicia querida, Alicia adorada, la que, hasta la hora de su muerte, recordó en su última parranda y, al compás de los sonidos de sus acordeones, es lo más seguro, ingeniaron, en medio de una pea que no podían con ella, la inmemorial La muerte de Abel Antonio: mayestático vallenato __que, desde luego, letrado por Villa en su totalidad__, retrata cabalmente esa historieta sacada de los cabellos rizados que, así no más, lo fue dando por muerto, pero resulta que no estaba muerto sino de parranda, a pesar que don Abel Antonio, __dicta el cántico de añoranza en unos cuantos pedazos__, no muere todavía, que muere cuando Dios lo necesite y que llegó a los cinco días para levantar su tumba en cuerpo presente.

 

Contendor, en el siglo pasado, de los sensacionales acordeoneros Emiliano Zuleta Baquero (El viejo Mile), Francisco Pacho Rada, Luis Enrique Martínez (El pollo vallenato), Juancho Polo y Alejo Durán, el primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata (1968), se le considera al maestro Abel Antonio Villa Villa todo un pionero de la música vallenata por sus dotes en el acordeón y la composición musical.

 

Así, llamado como El juglar del vallenato o El padre del acordeón al ser el primer artista en la historia del folclor vallenato en llevar su instrumento predilecto a la grabación comercial, se inculca en su discografía una serie de melodías que sostienen, a gran escala, una buena parte del surgimiento de la música vallenata.

 

En Consuélame corazón y otros éxitos de Abel Antonio Villa producido en 1965 por Sello Vergara aparecen sus composiciones estelares El higuerón (a manera de merengue) y los paseos Amalia Vergara, Consuélame corazón y Los amores de Zoila sin pasar por alto la la importante introducción del LP suscrita por Héctor Ulloa en los siguientes términos (cito textualmente):

 

·         “…Una voz, un acordeón y una rica inspiración que se conjugan en un nombre: ABEL ANTONIO VILLA, para brindar al público en la magia del acetato, once oportunidades para saborear a plenitud toda la alegría de una raza que vive y vibra al son de sus canciones.

En ABEL ANTONIO, en sus temas, se vislumbra no sólo al músico de "raza", sino a un cronista de las cosas sencillas de su pueblo, de las gentes que lo rodean y de su acontecer cotidiano.

SELLO VERGARA lanza con orgullo este L. P., que contiene las caracterizadas melodías de este pionero de la música vallenata, que ha logrado implantar un estilo que marca una época en la historia musical de Colombia…”.

 

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Incluso, las notas surgidas de su inseparable instrumento de fuelle tienen cabida en Los pioneros del acordeón (Delujo, 1967): una especie de mano a mano con El pollo vallenato que, aparte del Amor de Zoila, consigna sus merengues La conciencia de las mujeres y La palomita y sus paseos El pleito y Tu marido.

 

Pero en continuación de un buen vistazo hacia su rico legado musical, se halla el LP de 1968 La camaleona que, realizado bajo el apoyo de la discográfica Polydor, subraya un puñado más de sus obras líricas como es el caso de las parrandas de antaño El amor amor y Parranda jarabera, el porro-cumbia Ercilia y el paseo Adelaida, es decir, dedicadas a dos mujeres de las mil que por ahí tuvo el maestro Villa y su participación (junto a El pollo vallenato y El rebelde del acordeón, Alfredo Gutiérrez) durante los años 1970 y 1971 en el especial propuesto por Costeño / Codiscos Los tres grandes del acordeón donde tuvo oportunidad de exteriorizar en compañía de su razón musical Abel Antonio Villa y su conjunto las letras de su plena autoría Recógete, Árbol sin hojas, El resucitado y No lo creí de ti (las anteriores a modo de paseo) y los mosaicos Remolino de oro / Amalia Vergara / No he perdido mi fama y No dejes que muera y Mosaico carnaval con El amor amor, Quiéreme negra y María Palito.

 

Otra unión, __cuenta la historia__, fue la que se produjo en 1975 cuando el maestro Villa y Pacho Rada hicieron parte del recopilatorio Soneros Vallenatos (Discos Fuentes) con la siguiente representación hacia ambos acordeoneros de este mundo historial en alusión al Lucero espiritual de Juancho Polo.

 

(Cito textualmente):

 

·         “…Abel Antonio Villa el pionero grande del vallenato quien sigue siendo desde la década del año 40 uno de los acordeoneros que ha dado a conocer esta música en la américa con sus viejos temas como bien debemos recordar ANA MARIA - LOS AMORES DE ZOILA - LA MUERTE DE ABEL ANTONIO - EL PLEITO - CARMELA etc... y sigue siendo el gallo con espuelas afiladas como lo podemos escuchar PRIMERO MUEREN POLLOS QUE GALLOS.

Pachito Rada, Hijo del viejo PACHO quién fué el inventor del ritmo (SON) lo vemos llevando la gloria, ya que con su conocido tema (EL MILLONARIO) se ganó la popularidad del campesinado y ahora se afianza con su SON NECESITO UN COMPAÑERO, el porro, DOS CORAZONES, el pasaito, EL CONVENCIDO y demás temas que serán del agrado de los amantes del bello folclor vallenato…”.

Producción y Notas de ISAAC VILLANUEVA M.

 

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En este proyecto, Abel Antonio Villa y su conjunto hacen gala de sus paseos Primero mueren pollos que gallos y Canto a los compositores y sus sones Venedita y Julia Isabel.

 

Ya, en El padre del acordeón (Vallenato / FM, 1979), se agregaron más de sus canciones, por citar, El pleito (a manera de merengue) y los paseos Árbol frondoso y Paloma arisca hasta la llegada de Clásicos Vallenatos (CBS, 1985) en unión con Alejo Durán, El Viejo Mile y El pollo vallenato para, a través del espacio que le brindaron en este LP de antaño, poder interpretar, __aparte de su obra cumbre La muerte de Abel Antonio (o Cinco noches de velorio)__, sus títulos María Mile; Palomita Mora; Mis hijos por qué se van; Soy de la montaña y Carmela.

 

Con la participación de una tremenda nómina de músicos encargados de ponerle el marco de oro al acordeón y las voces de los cuatro grandes maestros de Clásicos Vallenatos, en su orden, Tico Rojano (en las congas); Pedro Mendoza y Marcos Díaz (en los coros); Tito Castilla (en la caja); Punda Cotes (en el bajo); Alfonso Orozco (en el cencerro); Alfredo Feyo Calderón (en la guacharaca) y la participación especial del magno cajero Pablito López, se inscribe un sucinto perfil biográfico del maestro Villa en los siguientes términos:

 

·         “…ABEL ANTONIO VILLA: Nació en Piedras de Moler, Ciénaga de Zapayán, corregimiento de Tenerife (Magdalena), el 1o. de Octubre de 1924. Hijo de Antonio Villa Salas y María del Tránsito Villa Barrios, quienes lo criaron en un humilde ambiente, a pesar de ello cursó su escuela elemental les y un primero de bachillerato.

Escuchando las notas del acordeón tocado por Gilberto Bermúdez a la edad de nueve años, se inicia una leyenda importante en el folclor vallenato. En 1938 el maestro "Pacho" Rada lo alecciona en la ejecución de este instrumento y lo induce a sus correrías al lado de músicos tan notables como Pedro Nolasco Martínez.

En 1944 el sello Odeón realiza su primera grabación con las obras "Yo Tengo Mi Candelaria" y "La Pobre Negra Mía". Su primer L. D. lo graba en 1947, año en el que fue invitado por Orlando Marri a los carnavales de Barranquilla. Sus obras importantes son: "El Lorito Fino", "Ana María", "El Pleito", "Ramona", "La Gota Fría", "Amalia Vergara", "La Camaleona", "La Muerte de Abel Antonio" (O mis cinco noches de velorio), "El Higuerón"…”.

 

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Aún más: si nos detenemos un instante no más en lo que fue su periplo bajo su invención Abel Antonio Villa y su conjunto, en Pájaro sinsonte (Vol. 2) bendecido por la Polydor en 1968, se anexó a la lista de canciones su himno inmemorial La muerte de Abel Antonio” (o “Cinco noches de velorio”) mientras una coletilla preparada por Jairo Arturo Guerra Madrigal homenajeaba, pues, la ya prominente figura artística de Villa, así:

 

·         “…Abel Antonio Villa va tomando todos los años figura legendaria. Sus canciones, sus cantos de hombre enamorado; sus descripciones de lo suyo, de su tierra; lo que piensa él de su manera de ser, de los demás; “la pinta” que él explota ante las muchachas con sus célebres gafas y su acordeón lleno de notas emotivas. Sí, ese es ABEL ANTONIO, que nos canta ahora sus nuevas composiciones.

“Abel Antonio no te pongas a llorar,

que eso le pasa a los hombres”……

Estos nuevos vallenatos, tienen la misma contextura, la misma facilidad y fluidez de los que le hicieron famoso otrora. Esos versos anteriores los de “El ramillete”, todos ellos están con la misma vena, con el mismo autor, con el mismo gusto. Aunque las composiciones son nuevas, tienen el color, el sabor de los viejos éxitos de ABEL ANTONIO…”.

 

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Sus obras son tan trascendentales que El higuerón fue acogido por El Binomio de Oro de Rafa y El Pollo Irra para incluirlo en el álbum Mucha calidad (Costeño / Codiscos, 1983), Amalia Vergara fue interpretada por Poncho Zuleta para la propuesta 039 (CBS, 1985) y la icónica La muerte de Abel Antonio no solo en la voz y acordeón del tres veces rey vallenato, Alfredo Gutiérrez, sino popularizada por Guillermo Buitrago y su trío de guitarras con el nombre Cinco noches de velorio y la aún recordable versión del Binomio de Oro de América (en la voz de Jean Carlos Centeno) para el álbum Difícil de igualar (Costeño / Codiscos, 2000).

 

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Una efigie tan emblemática como la de don Abel Antonio, __dicen__, estuvo de parranda en el ayer y en el hoy.

 

¿Cómo va a hacer?

 

Si.

 

Desde el cielo.

 

Desde esa Parranda en el cielo (en referencia a la letra de don Alaín Cárcamo) porque “…Cuál será esa parranda / En el cielo se oye / Que yo la quiero escuchar / Oigo gente que canta / Oigo gente que toca / Yo quiero parrandear…”. Y a lo lejos le declaman: “…Abel Antonio no llores / Que eso le pasa a los hombres / Abel Antonio no te pongas a llorar / Que eso le pasa al que sale a caminar….”.

 

Es que el declarado Rey Vitalicio en el Festival Vallenato (1999) también ostenta parrandas inolvidables como la clásica de Los Betos y vitalicias.

 

Por dos mil siglos como reza Diomedes en su canción. 

 

In memoriam de Abel Antonio Villa Villa (Piedras de Moler, Magdalena, 1 de octubre de 1924 - Barranquilla, Atlántico, 10 de junio de 2006).

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

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