ROBERTO ROENA, EL AUTÉNTICO SHOWMAN DE LA SALSA
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Mayagüez a Santurce (Puerto Rico) se circunscribe una distancia aproximada entre
148 a 188 kilómetros. ¡Vaya! Lo que quiere decir que en semejanza de los
títulos vallenatos Camino largo o Un camino lejano
sensacionalmente cantados por Diomedes y Jean Carlos, puede imaginarse que, pese
a los prototipos de locomoción del siglo pasado, __por qué no a manera del simbólico El Carretero de Guillermo Portabales cuando hizo alarde de su “…A caballo vamos pa’l monte…”__,
esa fue la rúa que tomó la familia Roena Vásquez para asentarse del todo en el para
entonces histórico y primer pueblo de Puerto Rico, San Mateo de Cangrejos, hoy barrio-distrito
y municipio de Santurce ubicado en inmediaciones de Mi viejo San Juan, en referencia a la canción del compositor
boricua, Noel Estrada, donde el niño prodigio, Roberto, y su hermano,
Cuqui, continuaron con sus puestas en escena en demonstración de sus
sendos talentos para el baile.
Roberto
Roena Vásquez (Mayagüez (Puerto Rico), 16 ene., 1940) antes de ser
percusionista, bongosero y director de orquesta, fue, ante todo, un
bailarín. El Gran Bailarín como se le conoció a lo a lo largo de su
extensa carrera artística. Y de los buenos, según la historia y los
registros videográficos que datan de esa época de oro junto a la Fania All
Stars y su Apollo Sound.
En suma,
usando ese típico argot popular colombiano, el hombre fue todo un maestro para azotar
baldosa.
Lo
que nos llevaría a preguntarnos, sin problemas ni exabruptos de por medio, ¿cuál
de los dos ha sido el mejor bailarín del mundo: Roberto Roena o Michael
Jackson?
Tarea
para las generaciones que, a plenitud, sí los vieron y disfrutaron en escena,
no obstante, fue en el barrio Dulces Labios de su natal Mayagüez que,
desde muy chico, comenzó a dar muestras de sus dotes en esas cuestiones del
baile montando rutinas de este arte, con su hermano Cuqui, a
lo largo y ancho de La Sultana del Oeste como se le conoce a dicho
municipio puertorriqueño.
Además,
una vez radicado con su familia en Santurce, continuó puliendo sus rutinas,
a ritmo de mambo y chachachá, deleitando a los públicos que concurrían a
ciertos concursos de talento en los que participaba y en el que tuvo
oportunidad de hacerse con un primer contrato televisivo para presentarse
semanalmente en el programa La Taberna India del Canal Dos.
Pero
su experticia en el baile la combinó con una forma única de hacer música y
apostarle a nuevos sonidos que pegaron con fuerza en una Latinoamérica de
los cincuenta que ya conocía del bolero y de la salsa gracias a, por nombrar
unos cuantos grupos de renombre, la Sonora Matancera, el Sexteto de
Joe Cuba y Cortijo y su Combo.
Experimentador
de varios instrumentos como el cencerro, la conga, la percusión y el bongó lo
que, incluso, también llevó a llamársele El Rey del Bongó, se
considera la figura musical de Rafael Cortijo, fundador de Cortijo y su
Combo, como su primer maestro y descubridor, quien le otorgó la
oportunidad de servir en su orquesta, por espacio de siete años, entre 1956 a
1962, en calidad de bongosero, experto en el cencerro y, de paso, para que
exhibiera buena parte de su aptitud en el baile.
Roena,
a la postre, compañero del entonces afamado Brujo de Borinquen o Sonero
Mayor, Ismael Miranda, por demás, voz líder de Cortijo y su Combo,
fue partícipe de la creación de lo que fueron las producciones musicales Encores
de Cortijo (Tropical, 1956); Baile con Cortijo y su Combo e Invites
You To Dance (producidos en 1958 por la antigua Seeco); las avaladas por la
discográfica Gema Cortijo en New York y Quítate de la vía, Perico (1959);
Fiesta Boricua y ¿Bueno, y qué…? (1960); Danger (1962) y
los especiales Cantan Ismael Rivera y otros (Seeco, 1959), One Night
in Puerto Rico (Bronjo, 1961) y Lo último y lo mejor (Gema, 1963).
Después
de su paso por Cortijo, tocó por unos cuantos meses para la Orquesta
de Mario Ruiz y Los Mulatos del Sabor hasta arribar en 1962 al Gran
Combo de Puerto Rico.
Allí
estuvo por lapso de siete años (1962 a 1969) con dos novedades: sus primeros
pasos para llevar a cabo su propia iniciativa para conformar el conjunto Roberto
Roena y sus Megatones bajo el lanzamiento de la propuesta Se pone bueno
(It Gets Better) avalada por Alegre Records en 1966 a modo de
jazz-latin con algo de guaguancó; descarga; chachachá; bolero; mambo; guajira y
guaracha más la puesta en marcha de lanzarse al ruedo como director en
propiedad de su recordada invención, La Apollo Sound, surgida en
1969.
Así,
con El Gran Combo que, durante su estadía en esta agrupación, compartió
escenarios y estudios de grabación con los cantantes principales Chiqui
Rivera, Joseíto Mateo, Pellín Rodríguez y Andy Montañez, de
igual manera sus capacidades en el cencerro y el bongó tuvieron espacio al
interior de los proyectos discográficos avalados por Gema Producciones Menéame
los mangos (1962); El Gran Combo de siempre y Acángana (1963);
Ojos chinos – Jala Jala (1964); El caballo pelotero (1965); En
navidad y El swing del Gran Combo (1966); los lanzados en 1967 Boogaloos
con El Gran Combo; ¿Tu querías boogaloo? ¡Toma boogaloo!; Fiesta
con El Gran Combo; Maldito callo; Pata-Pata Jala-Jala, boogaloo
y Boleros románticos con El Gran Combo y una tanda adicional de interesantes
cancioneros surgidos en los años 68 y 69 como fueron Latin power; Tangos;
Los nenes psicodélicos; Esos ojitos negros; ¡Este sí que es El
Gran Combo! y Smile, It’s El Gran Combo.
Roberto
Roena y su Apollo Sound
Fue
a partir de 1970 que la salsa tuvo una transformación sumamente especial, en
parte, gracias a las invenciones que aportaron a favor del género el denominado
para la era Roberto Roena y su Apollo Sound con un toque de funk / soul
y bomba (en las voces de Dino Gay, Frankie Calderón y Piro Mantilla) y que,
para tal lustro, agregó a su primer título promocionado por la Fania
International las letras de Catalino Tite Curet Alonso Tu loco, loco
y yo tranquilo y El barrio sin guapo acompañadas de la clásica
de Bobby Capó Soñando con Puerto Rico.
Misma
casa disquera que apoyó el Roberto Roena y su Apollo Sound 2 (1970) que
incluyó en su listado de pistas las obras de Tite Chotorro y Yo
soy candelón mientras que la International Records (desde el año
72 al 77) produjo las demás propuestas de la naciente Apollo Sound.
Por
ejemplo, en la quinta propuesta del 73, la cual contó con las voces de Sammy
González y Tito Cruz, encontramos la Oriza eh de Jr. Cepeda, pero
fue a través del disco Lucky 7 (1976) que se enmarcó uno de los
tantos himnos esenciales que reposa en el largo repertorio de la salsa conocido
como Mi desengaño: una bellísima pieza, obra de Julio Merced y Pucho
Soufront, que, en ese tiempo, se encargó de exteriorizar el cantante Papo Sánchez.
Aún
más: en la propuesta No. 9 del año 77, __netamente salsera con
estilos de bomba y bossa-nova incluidos__, en las voces de Papo,
Tito y Mario Cora, se registran las afamadas canciones entregadas por
Tite Marejada feliz (versionada por este al español) y Que
me lo den en vida.
Para
el álbum El progreso (International, 1978) cantado por Tito y
Carlos Santos, se versionó al español las letras de Erasmo y Roberto Carlos El
progreso y Necesito llamar tu atención, pese a que la magia de Tite
en la composición no pasó por desapercibida: sus temas Lamento de
Concepción y Guaguancó del adiós son el bastión de un álbum que aún
mantiene vigencia en la biblioteca de la salsa convencional.
La
vigencia de la Apollo se mantuvo firme hasta la década de los años
noventa con la publicación de los discos El pueblo pide que te toque
(FM, 1995) y, por parte de la Musical Productions, el En Vivo desde Bellas
Artes (1995) y Mi música mil noveciento y siete (1996) que trae
consigo el famoso solo de salsa romántica Como te hago entender (Pedro
Azael) interpretada por el ya fenecido artista boricua Héctor Tempo
Alomar.
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Si
bien es cierto que se conoce de la existencia de un Super Apollo 47:50 que,
lanzado por la Fania Records en el año 82, cuenta con la participación especial
del afamado cantautor, Adalberto Santiago, el de La noche más linda del
mundo, o de un Charanga Callejera (Gema, 1984) en el que Roena
participó tocando las congas, resulta importante subrayar que El Gran
Bailarín o El Rey del Bongó hizo parte de la imperiosa Fania
All Stars haciendo sus veces de bongosero y showman principal, y que,
en palabras de la misma Fania Records que vi por ahí, “…recordado por sus
electrizantes solos de percusión y sus pases de baile que enloquecían al
público…”.
Entre
las ediciones en vivo más icónicas de aquella All Stars participó en Live
At The Cheetah (1 y 2) (1971), Live At Yankee Stadium (1973), Live
in Africa (1974) y marcó huella en los discos de estudio destacados Tribute
To Tito Rodríguez (1976), Rhythm Machine (1977) y Latin
Connection del año 1981 recordado por las canciones Semilla de amor
en la voz del Jibarito de Ponce, Héctor Lavoe, y El caminante de
Ismael Miranda.
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Por
ser un autodidacta, eso no le fue impedimento para sacar a flote su don en el
baile; su interés por los ritmos de la salsa; su experimento en el cencerro, la
conga, la percusión y el bongó; salir avante con una Apollo Sound en
pleno auge y dejarnos como legado un Mi desengaño; un Marejada feliz;
un Guaguancó del adiós; un Como te hago entender y un Que
me lo den en vida, sin duda, las 5 mejores canciones que Roena haya podido
hacer realidad durante su fastuosa vida musical.
Que
el cielo continúe alegrándose con los sonidos del bongó y que los ángeles le
cojan el paso a El Gran Bailarín.
In
memoriam de Roberto Roena Vásquez (Mayagüez (Puerto Rico), 16 ene., 1940;
Carolina (Puerto Rico), 23 sep., 2021).
P.D. Ya que he dedicado este
espacio a Roena y su música, le recomiendo a los melómanos de Comunicación Sin
Fronteras la playlist que ha venido consolidando con sumo esfuerzo el
interesantísimo canal de YouTube, Audiófilos
de Colombia, en recuperación de miles de archivos de audio que,
prácticamente, son un tesoro. Revísenla. Les aseguro que se sorprenderán.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
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