¿VOTAR O BOTAR?
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hace marras el declarado “uribista hasta los tuétanos”, “Poncho” Zuleta, no
tuvo inconvenientes al exclamar, airoso, “¡Que viva la tierra paramilitar!”, mucho
menos va tener inconvenientes con Abelardo para poder cantarle, a viva voz, y
con pechiche incluido y toda la vaina “¡El tigre está en la cueva!”.
Dispénsenme:
¿Abelardo?
¿Y
quién es Abelardo?
De
casualidad, ¿apellidado Forero Benavides? (Porque este último fue toda una
eminencia. ¿O me equivoco?).
Pero…
¿Es
enserio que tenemos en el vasto partidor presidencial un candidato que se
autoproclama el “Tigre”?
__¡Si! __me gritan por
ahí__: ¡De la Espriella, hermanito! ¡De la Espriella!
__¡El hermano de Juancho!, ¿el
acordeonero de Silvestre Dangond? __contesto, impertérrito.
Es
cierto que Colombia ha estado rodeada de animales políticos, no sé si en el
mejor sentido del término, proyectado en la obra cumbre “Política” de Aristóteles,
pero que un susodicho, surgido de no sé dónde, tenga que proclamarse como el “Tigre”
para cuando llegue (si es que llega) a escurrirse en el ya desgastado solio de
Bolívar, única y exclusivamente, a destripar a la izquierda no más para
“salvar” a su patria porque primero está su patria (¿salvadoreña, por si acaso,
en honor a su gemelo, Bukele?), será, entonces, no un animal político sino un
animal de doble racero.
En
fin.
Ese
no es el punto esencial aquí.
Porque
una cosa son las elecciones a la presidencia (¡con “Tigre” a bordo!) in
extremis de que su séquito de aduladores pretende montarlo a toda costa en la
presidencia, empero, no podrán dormir en santa paz (¿o en guerra perpetua?) bajo
el terruño de sus respectivas cuevas; y otra cosa muy distinta son las
elecciones a Congreso, a celebrarse este domingo, 8 de marzo.
Así
que, es este acápite, __Congreso de la República, en específico__,
el punto que nos convoca para esta ocasión: el establecimiento, el recinto
dizque sagrado de la democracia donde los H.P. (“Honorables Parlamentarios”,
aclaro) o, mejor, las marionetas de todos los colores habidos y por haber han
venido haciendo de las suyas con cinismo pronunciado de que lo único que buscan
es repetir periodo; por lo que, sin temor a equivocaciones, el chistecito de
vago se cuenta solo: mínimo, el 70% de los miembros del Congreso, serán los
mismos, mientras, el 30% restante, se aglutinará en el grupo de los primíparos.
Pero
eso no es nada:
Aparte
de las costosísimas elecciones a Cámara y Senado, acompañadas de un revoltijo,
inscrito en papel tipo FAX, entre listas abiertas y cerradas, diseñadas por los
partidos (¿o sus gamonales?), también les espera a los electores (valga la
redundancia) la elección de los contrincantes que se enfrentarán,
principalmente, a Cepeda y a de la Espriella, en la primera vuelta del 31 de
mayo próximo, mediante las costosísimas consultas interpartidistas denominadas “Gran
Consulta por Colombia” (de la que muy seguramente saldrá triunfadora la
“hija adoptiva de Uribe”, es decir, la desplumada, Paloma Valencia: aquella
“mártir” que asemejando la “Revolución de los Comuneros”, por allá, en un
debate senatorial, propio de una “Paloca”, pronunció un “¡no me vaya mandar a
matar, senador Cepeda!”); la “Consulta del Frente por la Vida” (que sin
la presencia del propio Cepeda, por una decisión politiquera, al mejor estilo
del Consejo Nacional Electoral – CNE, es un comodín, que, ni siquiera,
favorecerá al nada confiable, Daniel Quintero, sino al astuto, Roy Barreras, a
efecto de que sea este quien se presente como una “opción” de izquierda cuando
semejante hazmerreír jamás ha sido de izquierda, ¡pero sí de otras tendencias,
¿no?!) y la unipersonal “Consulta de las Soluciones” (de la que, con
títere a bordo, a modo de contendiente “fantasma”, saldrá ganadora unánime la “despampanante”
pilonera mayor, Claudia
López, porque, recuérdese, durante el desarrollo del pasado Festival
Vallenato, se fue a buscar adeptos. Y voticos de confianza, sea dicho de paso).
A
modo de ingrediente para este zaperoco, en las columnas dominicales de El
Espectador, el benemérito jurisconsulto, Ramiro Bejarano Guzmán, le entregó a
sus asiduos lectores (me incluyo), a través de su columna, “Por
quien no votar” (22.II.2026), un listado que convoca a los aspirantes que,
a su juicio, no merecen ni un solo voto (¿o boto?) y si de tapa se trata para
cerrar la olla exprés que cocinará este “sancocho nacional”, imposible dejar de
lado la juiciosa investigación, elaborada por Fundación Paz y Reconciliación –
Pares, titulada “Candidatas
y candidatos cuestionados al Congreso de la República 2026” con un
consolidado de 50 aspirantes que tienen diversos antecedentes comenzando por el
eterno ex presidente Uribe Vélez quien busca ser reelecto en el Senado no con
el 82, serial que le otorgó la inteligencia americana al considerarlo como uno
de los más importantes narcotraficantes de Colombia sino con el número 25 en el
tarjetón “porque el necesita de nosotros y nosotros de él”. ¡Pamplinas!
Sería
mucho pedir que la democracia colombiana votara en blanco a ver si de una vez
por todas se le descarga a esta manada de pícaros un escarmiento, no obstante,
como eso no pasará jamás en esta patria (¿salvadoreña?) del “Tigre” o, de
contera, en el “País del Sagrado Corazón”, si va a votar, vote bien; y si va a
botar, también; porque, en últimas, y en uso de la frase del comediógrafo
español, Enrique Jardiel Poncela, “los políticos son como los cines de barrio:
primero te hacen entrar y luego te cambian el programa”.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
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