NÚÑEZ, EL POETA

R

ecuerdo haber escrito una semblanza del “Regenerador”, Rafael Wenceslao Núñez Moledo; y también recuerdo haber hecho uso de la sesuda y rica biografía de Núñez, elaborada por Indalecio Liévano Aguirre, —sea dicho de paso, una de las mentes más brillantes que ha tenido nuestra nación—, en cuanto a la inscripción del lustro de nacimiento de “El tigre del Cabrero”, calculada en 1823.

 

Por lo anterior, dado que, en pocos días, —más exactamente, el sábado, 21 de marzo—, se celebrará el “Día Mundial de la Poesía”, haré, pues, para tan digna ocasión, uso de una serie de poesías, a manera de compilatorio, que, inscritas en dicha biografía, allí se hallan, por el pasar de sus tan bien logrados capítulos, a fin de exteriorizar una de las facetas, quizá más recónditas de Núñez, como lo fue su destreza en tan magno género literario, según la RAE, “...caracterizado por la expresión artística de emociones, reflexiones y belleza a través de la palabra, utilizando el ritmo y la métrica (o verso libre)...”.

 

Dicho lo anterior, prologado tan vasto tratado biográfico por el ex presidente, Eduardo Santos Montejo, en fecha 12 de agosto de 1944, se hallan las siguientes ocho poesías desde el capítulo primero, “Un drama de generaciones”, a saber:

 

·         “...¡Oh madre! en la natura no hay sonido

que exprese claramente lo que has sido

para el hombre, lo que eres y serás!

Que tu imagen, más grande que la idea,

es imposible que copiada sea,

pues para ello la pluma es incapaz...". (p. 6).

 

(“La Madre”. — Poesía de R. NÚÑEZ).

 

·         “...Así a veces un hombre en su alma siente

impulso de gloriosa vocación...”. (p. 7).

 

·         “...¡Oh sueños! ¡Oh nieblas! ¡Oh sombras inmensas!

¿Qué voz las pudiera decir o cantar?

Y eso es lo que bulle del hombre en el seno;

dudas y esperanzas, salud y veneno,

misterios profundos de bien y de mal.

El canto es apenas informe lamento,

de aquellos combates un rumor fugaz,

perfil oscilante de un cuadro sombrío,

un eco lejano del Bóreas bravío,

un grano de arena del fondo del mar!...”. (p. 8).

 

·         “...¿Cómo rehacer la forma

de la que conmovió nuestro sér todo

al contacto celeste de sus labios;

de la que acompañó nuestra inocencia

a entreabrir el botón de la existencia...”. (p. 10).

 

·         “...Mis labios a los tuyos se juntaron;

tu aliento con mi aliento se juntó;

las brisas para mí no murmuraron;

los astros para mí no destellaron;

y sólo para ti suspiré yo...”. (p. 11).

 

(“Los Dos”. — Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “...Dime, mujer, responde si el delirio

es un fuego vulgar, o si el martirio,

el martirio del alma está con él;

díme si puede sucumbir la mente,

sin que antes se haya en nuestro sér doliente

mezclado con la sangre ardiente hiel...”. (p. 11).

 

(“Todavía”. Por RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “...Y desde entonces comprendió mi espíritu

que amar no es otra cosa que creer...”. (p. 12).

 

Y, a modo de cierre, se transcribe la siguiente:

 

·         “...Alejado de ti mi alma se agita

cual nave sin timón,

como la flor sujeta, aunque marchita,

del oscilante y combatido vástago

que brotó junto al mar roto peñón.

———

Quiero sentado junto a ti, al reflejo

de la luz del hogar,

contarte cuánto sufro cuando dejo

por el ruido del mundo, el rumor plácido

de esta morada de mi dicha altar...”. (p. 15).

 

* * *

 

Otro volumen de poesías “nuñistas” tienen cabida en el capítulo segundo “La atracción de la gloria” en donde se desentierran estos versos:

 

·         “...En la vida del alma

tal vez hay estaciones progresivas,

ojos cuya videncia se prolonga

con la meditación.... ...”. (p. 24).

 

·         “...A costa de fatigas mil, la ciencia

cultivamos; con ella la prudencia

pero nada nos libra del dolor...”. (p. 25).

 

(“Imitación”. Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “... ........Formidable vacío,

que abre en el corazón desierto cráter

y hace al alma perderse en desvarío,

que es mayor mientras más ardiente es ella....

De lo Inmenso hé ahí la primera huella...”. (p. 26).

 

(“Ultra”. Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “...¡Oh confusión! ¡Oh caos! ¡Quién pudiera

del sol de la verdad la lumbre austera

y pura en este limbo hacer brillar!

De lo cierto y lo incierto, ¡quién un día

y del bien y del mal conseguiría

los límites fijar!...”. (p. 27).

 

·         “...Hay un mundo sin formas, inefable,

mundo moral, inmenso, imponderable,

mundo sin polos, ni zodíaco, eterno,

antítesis de aquel horrible infierno

que en el Dante, epopeya es del dolor...”. (p. 27).

 

·         “...No sé lo que deseo, lo que busco;

a veces con la luz misma me ofusco;

a veces en tinieblas veo mejor;

a veces el reposo me fatiga,

cuando me muevo a veces se mitiga

en mi sangre el hervor...”. (p. 27).

 

·         “...cuando me muevo a veces se mitiga

en mi sangre el hervor...”. (p. 28).

 

·         “...Todavía tu imagen refulgente

viene a turbar mis sueños, y mi mente,

viene a incendiar con su abrasante luz.

Todavía palpito al oír tu nombre,

y al mirarte sucumbo, débil hombre,

como al soplo del astro el abedul. (p. 31).

———

¿Y es esto amor? El paso de los años,

la luz de la razón, los desengaños

¿no han borrado el poder de la pasión?

El beso de la esposa, criatura

no tan bella cual tú, pero más pura,

¿no ha borrado del tuyo la impresión?

———

Más, ¡ay! cuando la miro, yo te miro;

yo escucho tu suspiro en su suspiro,

de tu acento la música en su voz;

el paso de sus plantas en tus pasos;

su labio, el mismo perfumado vaso

que tu amor un instante me ofreció.

 

Y sin embargo ¡ay! tu no eres ella,

lo recuerdo muy bien! La tibia estrella,

jamás abrasa como abrasa el sol!

en ti hallo el mar que proceloso brama,

en ella el lago que apacible clama;

tú eres el huracán, ella el rumor. (p. 32).

 

(“Todavía”. Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         Díme... pero más bien díme si tu alma

duerme al rocío de la dulce calma

en estas horas en que velo yo;

díme si el nombre de tu amor primero

no es a tu corazón más placentero

que el nombre odioso que el deber te dio. (p. 33).

 

(“Todavía”. Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

·         “...¡Oh! nos amamos, sí, pero es preciso

separarnos, que tras el paraíso

un infierno se esconde, la expiación!

Es preciso alejarnos, nunca vernos,

que es inmenso el peligro de perdernos,

si al deber no sucumbe la pasión!...”. (p. 33).

 

(“Todavía”. Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

* * *

 

En el capítulo quinto, dedicado a Doña Gregoria de Haro, se hacen presentes estas líricas:

 

·         “...Hay una cosa dentro de ti misma

que yo alcanzo a mirar tras ese prisma

de tu aparente venturoso sér;

una cosa que a mi alma en vano ocultas

y de la tuya en lo interior sepultas

porque la mía la llegó a leer.

———

tu risa no es la risa del que goza,

tu voz tiene algo ¡ay! de dolorosa;

el cansancio de un alma sin placer.

¡Oh, tú lloras! ¡Tú lloras! No lo niegues;

de la veste nupcial bajo los pliegues

yo he sentido tus lágrimas correr.... ...”. (p. 65)

 

(Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “...El corazón del hombre es un arcano

inexcrutable, imagen del Oceano,

laberinto sin límites ni fin;

ayer gozó y hoy sufre; ayer lloraba,

y en donde el yermo del dolor miraba,

hoy encuentra un jardín.

———

El dolor que en el alma halla cabida,

pierde al cabo su espíritu homicida

y cesa de ofender como dolor;

y no hay de goce bulliciosa fuente

que no agote o desvíe indiferente

el tiempo volador.

———

Así ¡oh dolor! no sé cómo llamarte,

aunque mi corazón tu espada parte

en mil pedazos al cebarse en él,

no sé si de la vida en el abismo

son en definitiva un jugo mismo

el néctar y la hiel...”. (p. 68)

 

·         “¡Oh, sí! cuando estoy a tu lado, tus besos recibo

y escucho tu ardiente palabra que me habla de amor,

yo siento en mi alma placeres que nunca he sentido,

placeres sublimes sin mezcla de hiel y dolor...”. (p. 69).

 

(“Eros”. Poesía de RAFAEL NUÑEZ).

 

* * *

 

También, en el capítulo sexto, “La Convención de Rionegro”, Liévano trajo a colación la presente estrofa:

 

·         “...Ninguna idea por mi mente cruza

pues todas las rehusa,

ni al bien ni al mal

doy en mi sér sustento,

y ni aún el vendaval de las pasiones

turba este inexorable abatimiento...”. (p. 80).

 

(El Mar Muerto. Poesía de RAFAEL NUÑEZ).

 

* * *

 

Y si de complementar el poema “Eros” se trata, desde el capítulo séptimo, “Núñez en Europa - Sus grandes rectificaciones, recoge:

 

·         “…Te has entregado a mí bendita seas!

Yo en pago de tu fe mi alma te ofrezco;

mi alma, ese mar de pensamiento y vida

que calla o muge, duerme o se estremece,

según tu voluntad, que ella obedece…”. (p. 87).

 

(“Eros”. Poesía de RAFAEL NUÑEZ).

 

Además, se concluye dicho capítulo con estas tres elegías que, a continuación, se transcriben:

 

·         “…Naciste pobre, y ¡ay! sobre tu cuna

no hubo otra luz que el rayo de la luna,

y en ella no escuchaste tú otro canto

que el compás melancólico del llanto:

todo fue aciago en tu primera edad!

Nunca el semblante viste de tu padre

y el de tu enfermera y abatida madre

era en la juventud la ancianidad…”. (p. 97).

 

·         “…Yo quisiera de flores ver ceñida

esa sien por el vulgo escarnecida:

que es capaz de virtud tu corazón.

La corteza es el mundo; él la devora;

mas no invade el santuario donde albora

aunque casi en eclipse, la ilusión…”. (p. 97).

 

·         “…Es de los seres como tú el destino

poblar de melodías el camino

que infierno es para ellos y no edén.

Faros son que se extinguen alumbrando,

flores que se marchitan perfumando,

mártires que su triunfo jamás ven…”. (p. 100).

 

* * *

 

En línea con la propuesta de compilatorio, acerca de las poesías, obra de Núñez, la segunda parte de su biografía, trae consigo desde el capítulo primero, “El ocaso del radicalismo en Colombia”, esta única estrofa que así se despliega:

 

·         “...Al fin, al fin te encuentro

después de tánta ausencia,

de tantas inquietudes

y tanta soledad.

Te encuentro, y al hallarme

de nuevo en tu presencia,

renacen ¡ay! las horas

de mi primera edad...”.

 

El tiempo no ha corrido

para este sentimiento,

profundo, inmensurable

que me inspiró tu sér;

y estoy de tu cariño

ahora tan sediento,

como cuando empezamos

la vida a recorrer...”. (p. 115).

 

* * *

 

Con respecto a otro seriado de líricas, se anegan desde el capítulo segundo, “Doña Soledad Román, el alma de Núñez”, introducido por la poesía de Núñez:

 

·         “...Quien pudiera cantar ese poema

esa felicidad grande y suprema

que difundes, mujer, en tu redor?

¿Quién pudiera decir lo que tú alcanzas,

germen inagotable de esperanzas,

bálsamo a toda herida superior?...”.

 

RAFAEL NÚÑEZ.

 

Y, subsiguiente a la anterior, se impostan las declamaciones:

 

·         “...El porvenir, el hombre lo presiente?

esa ansiedad que en ocasiones siente

es de un próximo daño la visión?

Como el camello, el hombre que lo guía

no podrá presentir la cercanía

del Simún, del Simún del corazón...”. (p. 126).

 

·         “Tierno tu corazón, comprende al mío,

generoso tu sér mi sér agranda;

de nuestro origen el opuesto río

en sólo un cauce se concentra y anda...”. (p. 129).

 

Y,

 

·         “...Eres el cetro a do mi vida tiende;

nadie podrá vencer esta pasión;

el dolor que te amarga a mí me ofende;

lejos de ti mi mente nada entiende....

Dios hizo para ti mi corazón...”. (p. 133).

 

* * *

 

Asimismo, al interior del capítulo tercero, “La lucha electoral de 1879”, se invocan las profundas estrofas de la poesía rotulada “La Mujer”:

 

·         “...Complemento magnífico del hombre,

abandonas el tuyo por su nombre

y en él refundes tu existencia, sí,

porque abdicas en él tu pensamiento;

pero lo que te resta, —el sentimiento—

eso sólo es un cetro para ti.

———

Todo cuanto en el mundo existe es tuyo;

nada de lo que en él alienta excluyo.

Madre o esposa! qué no puedes, dí?

Madre, del corazón el rumbo guías;

esposa, si a tu esposo atenta espías

verás que en cuerpo y alma vive en ti.

———

Y en tus manos está; porque su orgullo,

su fuerza, su valor, todo él es tuyo:

todo él se inclina a tu potente voz;

Y así desde que nace hasta que muere,

tu voluntad de él hace cuanto quiere,

lo abate siervo, o lo alza semi-dios!...” (p. 151).

 

Más los versos que le dedicó Núñez a doña “Sola”, al salir para Bogotá, y que rezan en estos términos:

 

·         “...¡Adiós! ¡Adiós! ¡No sufras! Tú no ignoras

que, como perlas nutre el hondo mar,

del seno del dolor se alzan auroras

que pueden néctar de la hiel sacar.

———

Grande arrobo, además, es para el alma

elevarse a la cumbre del deber,

y luégo desde allí en austera calma,

en la base asombrado al vulgo ver.

———

Ya estoy lejos de ti, y en cada estrella

miro tus ojos castos relucir;

y en cada rosa perfumada y bella

miro tu faz angélica vivir...”. (p. 153).

 

* * *

 

Si se trata de inscribir otras estrofas en honor a doña “Sola”, se sumergen en el capítulo quinto, “Núñez defiende su obra de gobierno”, de la siguiente forma:

 

·         “...¡Me voy! ¡Me voy! Aguárdame que vuelo

buscando tu ternura nuevamente,

como alma que errada dejó el cielo,

y su atracción feliz otra vez siente.

———

¿Y qué dejo yo atrás? — Jirón de gloria.

Perturbación mortal de la conciencia,

oro en la forma, al interior escoria,

del mutuo engaño la ominosa ciencia.

———

¡Oh tiempo! ¡Oh tiempo!,.. Acelera el paso

un instante no más: rápido vuela,

para encontrar el amoroso abrazo

de la que en mí pensando se desvela...”. (p. 200).

 

* * *

 

E, inclusive, en el capítulo sexto, “La política radical coloca al liberalismo de espaldas a la realidad nacional”, Liévano pone de presente los siguientes dos versos:

 

·         “...¡Oh confusión! ¡Oh caos! ¡Quién pudiera

del sol de la verdad la lumbre austera

y pura en este nimbo hacer brillar!

De lo cierto y lo incierto ¡quién un día,

y del bien y del mal, conseguiría

los límites fijar!...”. (p. 223).

 

Y,

 

·         “...La fe conforta y la razón quebranta...”.

“...La fe convierte en fácil lo imposible...”.

“...La fe es el gran veneno

que ofrece a todos inmortal riqueza...”. (p. 223).

 

* * *

 

Finalmente, en las dos últimas partes de tan valioso tratado biográfico, se enlista una variedad de versos, propiedad de Núñez, que se añaden, por ejemplo, en el apartado “La Guerra Civil de 1885” en lo que tiene que ver con el título “César”; el cual, dicta en su espíritu:

 

“...Así siempre sucede ¡la victoria

a los ojos del vulgo cambia en gloria

lo que ante Dios a veces crimen es!...”. (p. 242).

 

(“César”. RAFAEL NÚÑEZ).

 

* * *

 

Al unísono, en el contenido “La solución del problema religioso en Colombia”, se integra otra de las tantísimas estrofas amorosas de Núñez que, emanada de su fidedigna pluma, hace constar:

 

·         “...Dos seres de este modo confundidos

no pueden separarse, nó, ¡jamás!

porque son de un acorde dos sonidos

y dos pupilas de la misma faz...”. (p. 323).

 

* * *

 

Con respecto a otra temática de estudio sobre la vida política de Núñez, hallada en “La cumbre de un destino histórico”, se implanta la siguiente estrofa:

 

·         “…Oh, dejadme tranquilo, medio dormida el alma;

de cuanto existe ahora, de cuanto luégo habrá.

mirar los desvaríos en impasible calma

mi dicha en adelante, mi porvenir será…”. (p. 327).

 

O las encontradas en “Las brumas del Lago del Misterio”, que, en uso de la frase de Rubén Darío, en una poesía sobre Núñez, dicta en el principio del capítulo una estrofa de Núñez que reza:

 

·         “…No hay regla de criterio

que no resulte en un momento falla….

Percibe el alma así luz de misterio,

y al cabo, como sol de pira amante,

se eleva a lo inefable palpitante…”.

 

RAFAEL NÚÑEZ.

 

Sin soslayar este siguiente acápite lírico suscrito por el trasegar de las páginas número 342, 343, 348, 350, 351, 352 y 353, correspondientemente:

 

·         “…Hoy la esperanza que es la vida toda,

ha vuelto a confortar mi corazón;

hoy la raíz de mi existencia rota

con savia nueva a germinar volvió…”.

 

·         “…Conmigo siempre estás; en todo instante

siento que mi alma está llena de ti.

Egeria, hermana, amiga, más que amante,

tu perfume de bien se impregnó en mí.

 

Cual doble estela de una quilla errante,

como las hojas de una misma historia,

como las alas de un querub flotante

en las cimas etéreas de la gloria;

 

Nuestros pechos así juntos existen,

juntos se agitan, sueña y murmuran,

y a la onda amarga del dolor resisten,

y en lugar de anegarse, se depuran…”.

 

·         “…¡Cuántas tuve risueñas ilusiones

que realizadas ví para perderlas;

cuántas joyas trocadas en carbones

con el hecho no más de poseerlas!

 

El relámpago brilla, y más oscura

queda luégo la noche que esclarece;

tras la gota de miel que el labio apura,

casi amarga otra gota nos parece.

 

¿Somos arpas eolias que vibramos

al soplo de la brisa de otra esfera?

¿O sombras, que cual sombras caminamos

a lo cierto, a través de la quimera?...”.

 

(Poesía de RAFAEL NÚÑEZ).

 

De igual manera, contribuyó al ascetismo espiritual con su poesía “Imitación de Eclesiastés” que desglosa:

 

·         La vida es vanidad de vanidades!

Unas tras otras pasan las edades

y nada nuevo ¡ay! vemos venir!

Lo que hoy sucede sucedió otro día,

Lo que hacen hoy, há tiempo que se hacía,

lo que hoy se dice, ya se oyó decir!

 

Todo, todo es incierto en el futuro;

el inocente sufre y el impuro;

como el bueno así llora el pecador;

El destierro terrestre es uno mismo

para todos; vileza y heroísmo,

ignorancia y sapiencia en el dolor!

 

·         “…Si tiene la materia ley de vida

ley suprema que nunca es pervertida,

el sentimiento alguna no tendrá?

¡Oh! sí, mundo invisible, yo te siento:

Ropaje es tuyo el alto firmamento,

la montaña, el céfiro y la flor,

y del mar las terribles armonías,

y del ave las dulces melodías,

y también las espinas del dolor…”.

 

(Lo invisible. RAFAEL NÚÑEZ).

 

·         “…El hombre es un sepulcro

de sus propias heladas emociones

y cuando de ellas alza el mármol frío,

de su alma en lo profundo infeliz siente

algo como incisión de sutil diente…”.

 

(Psiquis. R. NÚÑEZ).

 

Y un complemento adicional de “Lo invisible” que dilucida:

 

·         “…Así hay vidas que sólo en el Poniente

logran sentir en la tranquila mente

de lo infinito la visión veraz.

La fe surge después de ese idealismo

y en sus alas se cruza horrendo abismo,

que el alma deja para siempre atrás…”.

 

(Lo invisible. RAFAEL NÚÑEZ).

 

* * *

 

No puede dejarse de lado esta frase, a manera de estrofa: “…Lo grande tiene un habla, un no sé qué espasmódico y profundo, algo que hace entrever cosas remotas…”. (p. 418); ni mucho menos el poema “Moisés” que apertura el capítulo tercero de la última parte del biográfico, titulado “El helado cadáver de la esfinge”, __en uso de otra frase de Rubén Darío en una poesía acerca de Núñez__, que descubre, en grafías de Núñez:

 

·         “…Después murió… Del triunfo las angustias

su corazón no tuvo que sufrir:

la ingratitud, más dura que el suplicio,

el laurel, más punzante que el cilicio,

no pudieron su sueño interrumpir…”.

 

Tal vez así el “Regenerador” asemejó bajar tranquilo al sepulcro.

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

 

Bibliografía:

 

Liévano, I. (s.f.). Rafael Núñez. 

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