¿SON LOS ESTADOS UNIDOS UN PAÍS HEGEMÓNICO?
Apertura
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partir
del presente artículo, mediante un análisis, sucinto, a través de los tiempos, se
pretende originar una respuesta de fondo sobre la estipulación presentada.
Desde
la Alianza para el Progreso – APP[1] integrada
durante la Administración del inmolado, John F. Kennedy, hasta la Revolución
Cubana y la instalación de bases militares en Colombia, son compendio para
generar una concepción de si este país ha ejercido una supremacía en otros
territorios ya sea desde la intervención militar en específico o desde proyectos
de doble vía (como el Plan Colombia) que “fortifiquen los aparatos
armamentistas” de las naciones donde ejercen su respectiva injerencia.
La
terminología, concerniente a geopolítica, hegemonía y medios de comunicación hacen
parte de este tratado; poniendo en conocimiento que el último concepto es de
vital importancia en el estudio de las narrativas mediáticas presentadas a
partir de los hechos que ponen como protagonista central a los Estados Unidos.
Sin
duda, es de suma importancia citar el tema petrolero como gran juego
estratégico en beneficio, claro, de sus intereses económicos.
Introducción
Como
acotación personal, siempre he sostenido que América Latina sería un
continente disímil si no hubiesen asesinado al presidente Kennedy.
La APP
diseñada exclusivamente para el desarrollo económico, social y político de
América Latina, era la solución para el progreso del continente teniendo
en cuenta la línea política del mandatario ligada a la socialdemocracia.
Lo
que no se presupuestó fue el posterior poderío y la determinación que
tomaría este país en varias regiones, después del magnicidio de Kennedy.
Dicho
esto, la APP no la fijo como un elemento de supremacía puesto que entabló
unas estrategias multifocales para América, pero tampoco dejo por fuera la
férrea oposición de Kennedy al naciente comunismo en Cuba integrado desde la
Revolución Cubana comandada por Fidel Castro la cual dejó como resultado el
derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, en 1959, y que, un año después, trajo
consigo la radicalización de aquella oposición de otrora al decretarse, por
parte del gobierno estadounidense, un embargo total sobre el comercio con Cuba.
Terminología
Definamos,
primero, los términos que conciernen a este artículo para, después, ahondar
sobre la proposición, ya planteada.
Entiéndase
geopolítica como (citando a Kjellén): “…la influencia de los factores
geográficos en el desarrollo político de los Estados…”[2] (p.
2), o, en su defecto, “…la ciencia que estudia los factores geográficos,
económicos y raciales de los pueblos para determinar su política…”.[3]
(p. 501).
Hegemonía,
como definición histórica, signifíquese “…supremacía de una ciudad en las
antiguas federaciones griegas y, por extensión, en las confederaciones actuales…”;
en general, “…dominio o supremacía…”.[4]
(p. 533).
Medios
de comunicación son, a modo de definición personal, los instrumentos (radio,
tv, prensa, nuevas tecnologías, otros), para generar un proceso meramente
comunicativo o informativo.
Hegemonía
estadounidense
Desde
1903, cuando perdimos a Panamá, podría hablarse de la holística injerencia de
los Estados Unidos en territorio colombiano.
Mientras
Theodoro Roosevelt, en 1902, pronunciaba que “…esas despreciables criaturas
de Bogotá deben entender de qué modo están comprometiendo su porvenir…”, a
José Manuel Marroquín, presidente de Colombia durante la separación de Panamá, se
le acuñó la frase “…¿Y qué más quieren los colombianos? Me entregaron una
República y les devuelvo dos…”.
Ahora,
en un tablero geopolíticamente amplio, los Estados Unidos, en época de guerra, atacó
al Japón en 1945 cuya masacre atómica dejó 150 mil muertos en las poblaciones
de Hiroshima y Nagasaki.[5]
Y al
esbozarse el término hegemonía, entonces, es la supremacía, dominio que un
estado ejerce sobre otro: Estados Unidos, por los siglos de los siglos, se
ha ganado ese apelativo no solo por intervenir zonas militarmente sino también
por su preponderancia en las plataformas económicas de sus “aliados cercanos”.
En
palabras de Zidane Zeraoui, si “…el ataque del 11 de Septiembre llevó a
Washington a buscar un petróleo más seguro, la invasión a Irak tenía como
propósito controlar la segunda reserva más grande del mundo y poder, en caso de
un aumento del precio del crudo, jugar con la producción iraquí…”.[6]
Una
mirada a los medios de comunicación
Citando
a Hall, la función de los medios de comunicación es la de suministrar y
construir de manera selectiva la forma en que percibimos y entendemos el mundo.
Cómo construimos nuestros imaginarios de la realidad, en un mundo global. A
esto lo denominó “totalidad vivida”.
Empero,
parece, pues, que los medios no cumplen esa función. Esas narrativas
mediáticas, a su vez, toman actuaciones propagandísticas en la expansión de
hechos concernientes a, por ejemplificar, tres casos puntuales, en su orden: la
misma invasión a Irak (marzo de 2003), la integración de bases militares en
Colombia durante el espurio octenio de Álvaro Uribe o el reciente ataque
estadounidense en Caracas que conllevó a la captura del hace marras considerado
narco dictador Maduro lo que conlleva a una reflexión profunda sobre el
efecto de los contenidos informativos en las masas y, como estas, perciben la
realidad social.
Es
por eso sustancial fijar a Adorno cuando aduce desde “Televisión &
Cultura de Masas” las formas por las cuales se debe estudiar el efecto
televisivo desde sus contenidos y programas; semejante cuando haciendo
énfasis en programaciones que presentan elementos políticos o de dictaduras
fascistas anota: “…ninguna producción artística puede ocuparse de ideas o
credos políticos in abstracta, pues tiene que presentarlos en términos de su
impacto concreto sobre seres humanos…”.
Perspectivas
Plasmado
con anterioridad, se ha expuesto la actuación de los Estados Unidos desde el
periodo de guerra (1945) hasta el embargo a Cuba en 1960 y, a destacar, su oficiosidad
militar hasta en Medio Oriente por cuestiones de petróleo en concreción de
su cúmulo económico dentro de un mundo geopolítico en búsqueda de alianzas.
Aunque
los gobiernos americanos siempre alzan la mano para participar en guerras,
aunque arropados desde las llamadas intervenciones militares, de otro modo se
hacen presentes en regiones ricas en recursos energéticos, por citar, petróleo,
recursos minerales o “raros” son fuentes que resultan “asequibles” para los
estadounidenses y para un cúmulo de potencias como es el caso de Rusia, Japón y
China.
Disección
impecable la que retrata Renán Vega Cantor desde el artículo “Las bases
militares en América Latina: Colombia en la geopolítica imperialista”; al
trazar un análisis profundo sobre la jerarquía estadounidense en América
Latina, el descarnado Plan Colombia integrado en el deficiente gobierno del
conservador Andrés Pastrana (1998-2002) y la continuación del mismo con la
instalación de bases militares en puntos específicos del territorio nacional
durante el gobierno Uribe (2002-2010) como “contribución” a la utópica Política
de Seguridad Democrática (PSD).
En
palabras de Calloni (2009): “…el Plan Colombia, y sus otros anexos, es el
mayor proyecto geoestratégico que se haya trazado para recolonizar América
Latina…”; en tanto, sobre la militarización introduce que “…ha
sido el mecanismo prioritario de Estados Unidos para ejercer su dominio
económico y geopolítico…”.
Póngase
en contexto el apartado que se halla en la Sección 2, Plan Colombia acápite
III- Las bases militares de los Estados Unidos: los eslabones de una red
mundial de terror del texto de Vega Cantor que:
Chalmers
Johnson señaló que, durante el gobierno de Bush, se diseñó la estrategia de
actuar contra los “Estados Canalla”, que forman un arco de inestabilidad
mundial que va desde la zona andina (Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia),
atraviesa el norte de África, pasando por el oriente próximo hasta llegar a
Filipinas e Indonesia. (La recapitulación de Johnson comprende el “Anillo
del Petróleo”).
A
la pregunta ¿cómo podría definirse una base militar?, Vega demarca que “…de
manera simple puede decirse que es un lugar en donde un ejército entrena,
prepara y almacena sus maquinarías de guerra. Se puede hablar, según sus
funciones específicas, de cuatro tipos de bases militares: aéreas, terrestres,
navales y de comunicación y vigilancia…”.
Conclusión
Haciendo
énfasis en lo señalado, Estados Unidos es un estado hegemónico. Y no es
que se quiera hacer eco a los discursos provenientes del gobierno venezolano hasta
hace poco presidido por el capturado Nicolás Maduro donde, inflexiblemente, mantenía
una oposición al modelo norteamericano al señalarles de imperialistas, pues, al
interior de la cúpula del gobierno bolivariano, aún promulgan el anti imperio recordando
que dicha narrativa comenzó a gestarse con el entonces presidente Chávez: basta
con señalar el episodio cuando dijo “acá huele a azufre” en referencia a Bush.
Y si
de armamentismo se trata, no cabe duda que es el salvoconducto de los
Estados Unidos para ejercer dominio sobre cualquier territorio: eso se hace
entrever en una de las primeras intervenciones militares de ese país en contra
del nuevo gobierno cubano, posterior al derrocamiento de Batista, idealizada en
la plena neutralización de Cuba por tener un aparato comunista.
Así,
la intervención a Bahía Cochinos en 1961 resultó fallida, pues “…mil
quinientos exiliados cubanos, entrenados por E.U., invadieron el territorio,
pero en menos de 72 horas fueron vencidos por el Ejército cubano”. En tanto, el
Presidente Kennedy, “se vio obligado a reconocer la responsabilidad de su país
en los acontecimientos de Bahía Cochinos…”.[7]
* *
*
Nota:
¿por qué de “doble vía” las relaciones bilaterales estadounidenses?
Citando
el punto 2- Plan Colombia del texto de Vega, es importante poner en
contexto en siguiente aparte:
Como
contraprestación a esta “ayuda militar” de los Estados Unidos, estimada en
5.525 millones de dólares entre 2001 y 2008 –que convierte a Colombia el tercer
país del mundo en recibir asistencia militar de los Estados Unidos, después de
Israel y Egipto–, el Estado colombiano ha respaldado cuanta aventura bélica o
agresión realiza el imperialismo estadounidense: fue el único de América del
Sur que apoyó abiertamente la criminal guerra y ocupación de Iraq, llegando
hasta el extremo de felicitar a George Bush por su “éxito” y solicitar que,
tras el proclamado fin de la guerra en mayo de 2003, fueran enviados los
bombarderos yanquis a Colombia a combatir a las organizaciones guerrilleras; de
este país han salido contingentes militares para participar como miembros de
las tropas de ocupación en Afganistán, o como mercenarios privados en Iraq; el
régimen de Uribe apoyó el golpe de Estado en Honduras (junio del 2009) y fue el
primer presidente en visitar al ilegítimo Porfirio Lobo, quien sustituyó al
gobierno de facto.
En
resumidas cuentas, “favor con favor se paga” es el adagio que se mantiene en
dichas relaciones bilaterales.
El
colofón a integrar, a manera de cierre para este diario geopolítico, encaja
perfectamente tanto en los intereses estadounidenses como en la
autodeterminación de los pueblos latinoamericanos cuando Gabriel García Márquez
en su discurso “La Soledad de América Latina”, al recibir en Estocolmo
(Suecia) el premio Nobel de Literatura en 1982, reflexionó con justa razón:
“¿Por
qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de
imponer en sus países no pueden ser también un objetivo latinoamericano con
métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor
desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y
amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3.000 lenguas de nuestra
casa”.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
[1] Proyectada para 10 años
(1961-1971), se propone la creación de una economía multisectorial,
industrialización, integración, reformas agraria y tributaria, mejoramiento de
los sistemas de educación y la salud; mejoramiento de vivienda y
democratización de las instituciones del Estado. (En: Siglo XX a través de El
Tiempo (2000). Sección: Año 1961).
[2] Mendoza, A. (s.f.). Geopolítica
y globalización.
[3] Tomado de: Diccionario
Larousse (1995).
[4] Tomado de: Diccionario
Larousse (1995).
[5] Ataque de Estados Unidos a
Japón. Masacre atómica: 150 mil muertos. (En: Siglo XX a través de El Tiempo
(2000). Sección: Año 1945).
[6] Zeraoui, Z. (2008).
Geopolítica y petróleo. La nueva dependencia energética. En Desafíos (Ed.), IV.
Reflexiones sobre seguridad (pp. 245-268). Desafíos, Bogotá (Colombia).
[7] Se fortalece la revolución de Fidel. Fracasó invasión armada a Cuba. (En: Siglo XX a través de El Tiempo (2000). Sección: Año 1961).
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