"CANO" ESTREMERA, EL DUEÑO DEL SONEO

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a tierra santurceña no solo vio nacer y crecer al “Diferente de la Salsa”, Ángel Luis Canales; al “Godfather de la Salsa” o “Niño de Trastalleres”, Andy Montañez; al “Caballero de la Salsa”, Gilberto Santa Rosa, y al “Sonero Mayor” o “Brujo de Borinquen”, Ismael “Maelo” Rivera. También vio nacer y crecer a otro de los más grandes salseros y soneros de la historia de la música puertorriqueña, Carlos Enrique Estremera Colón (2 sep., 1958): el cantante que tampoco se quedó atrás para que le aplicaran unas cuantas descargas o seudónimos a lo largo de su carrera musical como “El albino de la Salsa” por aquello de su presencia tan blanquecina muy al estilo de la icónica “Lluvia con nieve” de su colega, Mon Rivera; “El periquito pin, pin”; “El pillo buena gente” de cuyo adjetivo Montañez hizo canción hace más de treinta años para el disco “Yo protesto” realizado por el cantautor boricua Roy Brown (junto a sus amigos) y el alegórico “Dueño del Soneo” que lo acompañaría hasta el 28 de octubre de 2020: fecha de su repentina defunción mientras, quizá, a varias voces, con un “En mi viejo San Juan” de fondo, escrita por Noel Estada, despedían para siempre su tan soberana figura personal y artística.

 

El “Cano”, pionero, en parte, de ese arte de improvisar rimas y versos dentro de un tema de salsa, a lo que, bien, se le denomina soneo del que fue un magno expositor así como, de paso, fue un aportante más (o gestor cultural) para fomentar el laboratorio de la música afrocaribeña en su conjunto, impulsada, principalmente, por la percusión y la polirritmia abarcando ritmos como el son cubano, el guaguancó, la rumba, la bomba y la plena en Puerto Rico, el merengue en República Dominicana e, incluso, la champeta en Colombia o el reggae en Jamaica, tuvo el honor de que se le conociera en la industria de la música latina como uno de los mejores soneros y cantantes de dicha música existente, gracias, a las tradiciones comunales africanas; pese a que su espíritu musical estuvo ligado, por completo, a la música salsa de la que, en especial, fue otro de los lábaros que ayudó a enriquecer tan magno género en su natal, Puerto Rico.

 

Las primeras cosechas de sus inicios musicales se hallaron en los grupos locales de “Barrio Obrero”, al interior de su pueblo natal, Santurce, comenzando, allí, su andar en calidad de percusionista y cantante, __incluyendo al “Grupo Barrio Latino”__, lo que tiempo después lo llevó a integrarse al grupo folclórico “Los Pleneros del Quinto Olivo” que, dirigido por el músico, Eddie Olivo, pudo, en tal escenario, perfeccionar su estilo interpretativo a partir de géneros autóctonos como la bomba y la plena; este último definido como “…una modalidad de la música folklórica puertorriqueña. Se identifica más bien con los barrios y zonas costeras de la isla. Sus características esenciales son la sencillez y la repetición. Carece, como toda música folklórica de pulimiento y estilización. Es rudimentaria, íntima y cruda. Parece originaria del romance español, el calipso, el porro y el merengue. Se dice que este baile se originó en Ponce, P.R., para principios del siglo 19. Los instrumentos que se usan son la pandereta, el güiro, los bongoses y la timba. Los temas que interesan a la plena van desde el incidente arrabalero hasta el acontecimiento universal, de temas religiosos o de superstición…”. 

 

A propósito de “Los Pleneros”, en su disco homónimo de 1979, __ya sin “Cano” en la titular__, a pesar que definieron la plena, de igual modo registraron un sucinto resumen de lo que fue el nacimiento de la agrupación que: “…surgió en 1974 en el sector de “Las Casas” en Barrio Obrero. Nuestro objetivo principal fue revitalizar la plena dándole un sonido contemporáneo. Este género, uno de los más significativos y vitales del folklore puertorriqueño nos unió y formamos esta agrupación que tiene por propósito ser línea vital y actual de la plena puertorriqueña…”.   

 

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Luego de su paso por “Los Pleneros”, arribó a la “Orquesta Mulenze” creada por Edwin Morales, haciendo parte de la misma como corista, entre 1976 y 1977, hasta despuntar, en 1978, su carrera profesional al lado de la prestigiosa orquesta de Bobby Valentín.

 

Fue con el título “La boda de ella” (R. Angleró) que hizo su ingreso triunfal a la banda: correspondiente al autodenominado, “Bobby Valentín”, donde hizo dupla con Johnny Vázquez en los micrófonos principales, tuvo oportunidad de hacer realidad otras canciones del LP conocidas como “Massa, Massa” (D. R.); “Ingratitudes” de Margarita Rivera; “Libro de amor” de Israel Pérez; “El muñeco de la ciudad” de Adrián Pérez y “Canta mi gallo” (D.R.).

 

El anterior fue el primer disco de seis en total que grabó con la banda de Valentín, dos de ellos en solitario, sin apartar que “La boda de ella” le hizo ganar la aclamación generalizada del público salsero.

 

Al lado de Vázquez y Rafael “Rafo” Warner hizo parte del LP “Bobby Valentín” (Bronco, 1980) donde fue el intérprete de “Si me caso mejoro” de Julio Cuevas; “El gato” de Zulma Angélica; “La mujer y la primavera” (D.R.) y “Así, así” (D.R.) y de las adicionales “Cállate corazón” de Fernández-Reina; “Si las vacas volaran” de Chapuseaux; “Calló el telón” de Angleró; “Manuel García” (D.R.) y “Ayer te vi con otro” de Henry Arena, las cuales hacen parte del compendio de canciones que respaldan un segundo, “Bobby Valentín”, igualmente lanzado en el 80.

 

En “Siempre en forma” (Bronco, 1981), Valentín le encomendó la misión a “Cano” de cantar las letras “Dónde irá” de Henry Arana, “Qué te pasó” de Chiquitín García y “La tinajita” (D.R.); anteriores melodías que fueron la puerta de entrada para su primer proyecto en solitario “Bobby Valentín presenta a el Cano Estremera” (Bronco, 1982) compuesto por las notas “¿Por qué me citas?” y “Awilda” (H. Arana); “Siénteme” y “Suicida” (Z. Angélica); “Buen corazón” y “Casa en el campo” (versionadas al español por Catalino “Tite” Curet Alonso); “Compromiso” de Benjamín Muñíz y “El caimán” de Simón Díaz.

 

Su ciclo en la banda de Valentín culminó en 1984 con “El Cano Estremera en acción con la Orquesta de Bobby Valentín” (Bronco) en el que no solo dejó por sentada su exitosa participación en el grupo sino para la historia la interpretación de “A todos los niños” (Ch. García); “Fuera” de Titi Soto; “Me quede con las ganas” y “Huellas” (Z. Angélica); “La gringa” y “La novia automática” (H. Arana); “No será fácil” de Gloria Estefan y “Voy a perder la cabeza” de Tito Rodríguez.

 

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A partir de 1986 emprendió caminos en solitario: lustro que atestiguó el lanzamiento de su primera propuesta, “El niño de oro”, que, apoyada por la PDC de Puerto Rico, en ella hizo gala de las afamadas “Viernes social” de Carlos Roque y “Emborráchame de amor” de Mario Cavagnano.

 

Adicional a este acontecimiento, 1988 fue otro de los lustros escogidos, esta vez por la CEG Records, para presentar su segundo disco “¡‘Salvaje’! 88” que contiene aparte del merengue “Pleno verano” en uso de la letra de Erasmo Carlos y Roberto Carlos, las salsas románticas (eróticas o sensuales) de por sí proverbiales, la adaptada para la ocasión “Eres tú” (It’s you), obra de Stevie Wonder, “Amame en cámara lenta” de Juanjo Novaira y Paz Martínez y “Contigo” de Los Diego.

 

Y, en “Dueño del soneo” (Estremera Vol. 1), del año 89, se incluyeron los éxitos “Pero me hiciste tuyo” de J.M Gallardo y “A mi” de Lolita de la Colina mientras que, en “Dueño del soneo” (Estremera Vol. 2), publicado al año siguiente, contó con las clásicas en salsa “Se divierte y ya no piensa en mí” de Erasmo Carlos y Roberto Carlos y “Que tal te va sin mí” de Manuel Alejandro.

 

De “¡‘Salvaje’! 88” y “Dueño del soneo” (Vol. 1 y 2), la CEG Records extrajo las canciones más sonadas del mismo como “Amame en cámara lenta” y “A mí” para incluirlas en el especial del 91, “Éxitos del Dueño del Soneo y Unisex Band”, y, a manera de acompañante, el diseño por parte de la Sonolux (Colombia) de “Un clásico de la salsa” (1993) adornado por los hits “Eres tú” (It’s you) y “Pero me hiciste tuyo”.

 

Se agrupan en su valiosa discografía otra serie de proyectos musicales que destellaron en la década de los noventa como “Cambio de sentido” (Sonolux, 1994); “Punto y aparte” (Combo Records, 1996); “Salsa pa’ vacilar” (Música del Sol, 1999) en el que sobresalen “Viernes social” y “Emborráchame de amor”; “Diferente” (Combo Records, 1999) y el disco de 2002, “Opera ecuajey volume one”, haciendo sus veces de director musical y cantante de las clásicas “El negrito de Alabama” de Bobby Capó y “Lejos de ti” y “Simbad el marino” escritas por Ismael Rivera.

 

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Galardonado con el prestigioso Premio Paoli (1986) en la modalidad de “Vocalista de Salsa del Año” por aquello de su primer álbum en solitario, “El niño de oro” y, además, con el reconocimiento “Orgullo del Caserío” otorgado por la Corporación de Renovación Urbana y Vivienda de la “Isla del Encanto”, dichos honores, pues, le fueron de ayuda para cimentar oficialmente su carrera en solitario y, de paso, para reafirmar el porqué de su mote inmortal, ¡“El dueño del Soneo”!

 

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RETO A LOS SONEROS


“…Sabía usted que el Cano Estremera el día 29 de julio de 1990 en el pueblo de Guánica, Puerto Rico, hizo 105 soneos corridos sin repetir, en la canción “A Mí”. Luego el 30 de julio de 1990 en el pueblo de Comerío, Puerto Rico, hizo 106 soneos corridos sin repetir en la misma canción. Ambas actividades fueron fiestas patronales. Más tarde, el 3 de agosto de 1990, en el pueblo de Yabucoa, Puerto Rico, alcanzó la cifra de 128 soneos corridos sin repetir con el mismo tema. Esta gesta vuelve a realizarse el día 25 de agosto de 1990 en el pueblo de Juana Díaz, Puerto Rico ante cerca de 5.000 personas, pero esta vez hizo 130 pregones seguidos, sin repetir. Todo esto de forma espontánea y sin estudio…”. (De “Dueño del soneo” (Estremera Vol. 2), 1990).

 

In memoriam “El dueño del Soneo”, Carlos Enrique “El Cano” Estremera Colón (Santurce, Puerto Rico, 2 de septiembre de 1958; San Juan, Puerto Rico, 28 de octubre de 2020).

 

P.S. Maestro Alci Acosta, mi querido cascarrabias: tenga usted el decoro de servirme la copa rota; sírvamela que me destroza esta fiebre de obsesión; sírvame la copa rota; quiero sangrar, gota a gota, el veneno de su amor. ¡Salud y vida, maestro!

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

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