"JUANCHO POLO", UN RONCITO A TU SALUD
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Vallenato, transmisor innato de un sinnúmero de historietas, a partir de sus
más sentidas y proverbiales composiciones para la historia universal, también
es un refugio por intermedio del cual, juglares y trovadores, llueva, truene o
relampaguee, exteriorizan, desde su más profundo lamento provinciano, una serie
de recuerdos y vivencias acaecidas en cualesquiera de los 365 días calendario, __incluyendo
uno que otro bisiesto por ahí__, y, al mismo tiempo, un catalizador
por añadidura de las más inexplicables filosofías al estilo de la decimonónica
“del Espíritu”, proyectada por Hegel, o el “ser-para-la-muerte” teorizado por
Heidegger desde la corriente del existencialismo.
La
filosofía que, en simples formas genéricas, traduce, etimológicamente, ese, por
los siglos de los siglos, “amor a la sabiduría”, de igual manera yace en la
música como la expresión directa de la voluntad y la manifestación del espíritu
humano. Y sea el de Hegel o sea el de Juancho Polo Valencia, no cabe
dudas que a este último juglar y acordeonero de “grandes ligas”, tan enigmático
como en pena, __su alma y espíritu__, alrededor del
incandescente Caribe colombiano flotando, al norte, por entre las olas del Mar
Caribe; al sur inmigrando por las estribaciones de las cordilleras Occidental y
Central de la Región Andina; al Oriente visto en inmediaciones de la patria
hermana de Venezuela y la Sierra del Perijá y, al occidente, deshaciendo pasos por
entre la Región Pacífica y el Golfo de Urabá, se le puede rotular como el primer
y último “Filósofo del Vallenato” por aquello de su magna cátedra, “Alicia
adorada”.
Ya
lo había advertido a través del artículo, “Todos
los caminos de Dios conducen al Vallenato”, (Panorama Cultural, 3.IV.2026),
que preparé, en conmemoración de la “Semana Mayor”, y en la que, por supuesto,
hice referencia a la efigie de “Alicia querida / Alicia adorada / Yo te
recuerdo en todas mis parrandas”.
Dedicada
a su esposa, Alicia María Cantillo Mendoza, perecida durante su proceso
de parto en el corregimiento (o caserío) de Flores de María ubicado en el
municipio de Sabanas de Ángel, en el departamento del Magdalena, y a quien
“Juancho Polo”, entre otras cosas, no pudo ver por última vez, pues, cuenta la
leyenda que “no estaba muerto, sino que andaba de parranda”, no tuvo más
remedio que, al pie de su sepulcro y mirando al cielo, proferirle unos
cuantos versos de otrora destacando, inclusive, su desahogo para con el Ser
Supremo al clamar a viva voz ese memorable “…Como Dios en la tierra no tiene
amigos / Como no tiene amigos, anda en el aire…”.
Y
he aquí dos inquietudes a formular no más: ¿cómo es eso de que Dios no tiene
amigos en esta tierra? Mejor aún: ¿cómo es eso de que anda en el aire, ah?
Apreciados
lectores: ¿ustedes lo han visto?
¿Dónde
está si yo, por lo menos, jamás lo he visto?
Posiblemente,
“Juancho Polo”, si lo vislumbro, no sé, ¿producto de la pea que traía encima el
hombre?, no obstante, siempre me ha resultado tan interesantísimo ese “Dios
anda en el aire” que no se trata de un mero asunto de que este Ser Supremo
sea ignorado por muchos, __que pueden no ser sus amigos, por
supuesto__, empero, la línea de “Juancho Polo” es un mensaje tan
supremamente diciente que me lleva a connotar que, en la hora de la agonía y la
muerte, __tal como fue la última parada de Alicia, la de él y, en
últimas, la de todos acá en esta tierra__, es la única puerta
giratoria en la que conocemos a Dios.
Según
“Juancho Polo” quien vio los primeros rayos del sol un 18 de septiembre de 1918
producto de la unión entre don Juan Polo Meriño y doña María del Rosario
Cervantes Berdugo, tanto que le pidió a Dios, ¿no?, y siempre le envió males no
más, el primogénito del corregimiento de La Candelaria, mejor conocido con los
motes de “Caimán” o “Concordia”, perteneciente al municipio magdalenense de
Cerro de San Antonio, dedicó otra de sus obras maestras, esta vez, al hijo
del Ser Supremo, en ayuda del título especial de 1976, “Jesús Cristo caminando
con San Juan”, producido por la discográfica, “Machuca”, y, en parte,
adornado por las canciones de su autoría “Para volverlo gallina” / “El
Majagual” / “El moralito” / “Josefina” / “Volveré a buscarte” / “Jesús Cristo
caminando con San Juan” / “Ivonne” / “El humo que al aire vuela” y “Dile que
estoy de malas”.
Es
que su fama no fue solo por “Alicia adorada”, a próposito, designada, antes de
la llegada del nuevo milenio, en calidad de “Vallenato del siglo XX” y, por el
paso del tiempo, convertida, además, en una de las canciones más esenciales del
folclor, sino también por su serial de composiciones adjuntas a una buena
parte de sus proyecciones discográficas de las cuales, por fortuna, se
tiene un registro integral.
Pese
a que sus tertulias acordeoneras, __por si acaso con un par de
traguitos de rones degustados__, por allá, en el año 73, cuando hizo
parte del especial “5 Grandes del acordeón” (Tropical) junto al “Pollo
Vallenato”, Luis Enrique Martínez, Andrés Landero, Julio de la Ossa y “Alejo”
Durán, __este último, primer “Rey” del Festival de la Leyenda
Vallenata en uso del son, “Alicia adorada”__, o sus parrandas
inolvidables al lado de su maestro, “Pacho” Rada, consignadas en otro vetusto
especial de hace ya, 50 años, denominado “Dos caras vallenatas”, promovido por
la afamada, Discos Fuentes, puso a prueba el poderío de sus letras para, en un
primer acápite, consignarlas en la arquitectura de lo que fueron sus discos
primarios que datan del año 71, “Niña Mane” y “El fabuloso”, hechos
realidad en sus tiempos mozos de “Juancho Polo Valencia y su conjunto”.
No
solo le cantó a “Josefina”, a “Ivonne” y a “Alicia”. Vinieron elegías para
“Manuelita”, “Cenobia” y “Estelita”; declaraciones de amor con un “Sabes que te
adoro” y los “Recuerdos de Valencia”; una cumbia al ritmo de “Se quema el
monte”; un “Pivijay” para acompasar el ambiente y si le cantó a “Josefina”; a “Ivonne”;
a “Alicia”; a “Manuelita”; a “Cenobia” y a “Estelita”, “Niña Mane” no quedó
fuera del olimpo de sus diosas ni, menos aún, la recordable, “Lucero
espiritual”, __estrella del universo, estrellita, dame razón de
(otro de sus amores) Emilita, ¡ay hombe!__, con otra filosofía de
por medio cuando, tal vez, en medio de una nueva pea, ideó estas misteriosas
líneas a hoy vigentes: “…Eres más alto que el hombre / Yo no sé donde se
esconde / En este mundo historial..”.
Si
“Poncho” e Iván Zuleta hicieron gala de la “Niña Mane” y Diomedes junto al
“Conejo” Rois del mayestático, “Lucero espiritual”, aquella dupla de oro de los
noventa acogió para su proyecto, “Mi vida musical”, su cántico, “Marleny”,
es decir, en honor a otra de sus diosas del olimpo, consignado en “El
legendario – Round 4” (Tropical, 1972) y “El duende” (Discos Fuentes, 1972),
no obstante, otros reconocibles artistas del folclor vallenato cantaron, en
otro sucinto capítulo, un puñado más de sus más populares letras entre las que
se destacan el “Sí, sí, sí” en las voces de Jorge Oñate e Iván Villazón, “El
paseo en Concordia” y “El duende” interpretadas por Peter Manjarres y “La
coqueta” que, adscrita al trabajo musical de 1974, “Caminando viene” (Discos
Fuentes), “El Jilguero” adaptó para su especial “40 Años de parranda” (Discos
Fuentes, 2008) realizado junto al “Rey Vallenato” de la época, Christian Camilo
Peña.
Pero
no se queda atrás el insigne lamento, “Alicia adorada”, hallada en el disco
homónimo del 72, producido por Tropical, y, en parte, en los recopilatorios
de antaño “Memorias de Juancho Polo Valencia” (Delujo, 1978) y “12 parrandas
vallenatas con Juancho Polo Valencia y su conjunto” (Tropical, 1979)
descrito de la siguiente manera por Salomón Narvaez, en memoria a “Juancho
Polo”:
·
EN
BUSCA DE ALICIA:
“…Ahora nos embarga la tristeza recordando las
parrandas de este amigo que Juancho cariñoso lo llamaban donde casi todo el
pueblo lo quería por aquellas bellas melodías. Se fue el legendario de esta
tierra acompañado de su canto melodioso se oyen tristes las campanas de la
iglesia replicando la partida de un cantor que abandona para siempre su morada
en busca de su Alicia adorada. Es una historia que a toditos nos conmueve y
deja triste a sus amigos de parranda que gozaban con sus cantos vallenatos
compartiendo las tristezas y alegrías de esa tierra: Flores de María…”.
En
suma, “Alicia” fue versionada, por citar, en los “Clásicos de la
Provincia” (Sonolux, 1993) de Carlos Vives y Egidio Cuadrado, en “Cien años de
Vallenato” (MTM, 1997) gracias al cántico y el acordeón de “Cheche” y “Beto”
Rada y, además, por “El Jilguero”, quizás, la mejor adaptación de todos los
tiempos que vengo escuchando con sumo frenesí desde el disco “El cantante”
que, hace 43 años no más, llevó a cabo con “Juancho” Rois.
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Recostado
en su hamaca con una botella de licor pensaban que lo había cogido el “guayabo
de la ye” porque no despertaba.
¡Qué
va!
Con
dolor se quedó pensando en Alicia: “…se murió mi compañera, ¡que tristeza! /
se murió mi compañera, ¡qué dolor!...”. Y así, despacito, soltó su último
suspiro porque “…donde quiera que uno muera, ¡ay ombe!, toa’ las tierras son
benditas…” para encontrarse con Alicia en el más allá, en ese Flores de
María (celestial) donde todo el mundo lo quiere para susurrarle al oído: cuanto
te recordé en todas mis parrandas. ¡Ay, mi Alicia querida, mi Alicia adorada!:
te recordaré toda la vida.
Alguien
dijo: “…El día que Juancho se muera; queda su pueblo de luto; bajará una
nube negra: lo llamarán el difunto…”.
In
memoriam a Juan Manuel Polo Cervantes, “Juancho Polo” Valencia (Corregimiento
de La Candelaria, Cerro de San Antonio, Magdalena, 18 de septiembre de 1918 -
Fundación, Magdalena, 22 de julio de 1978).
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Darío
Pavajeau Molina:
Falleció
uno de los más aplicados gestores culturales en lo que concierne a la historia
de nuestra música vallenata, Darío Pavajeau Molina, por consiguiente, ex
alcalde de su ciudad natal, Valledupar, y, con ahínco, despedido por su amigo
del alma, el afamado periodista, Daniel Samper Pizano, en los siguientes
términos: “…Darío fue uno de los más firmes puentes de fraternidad entre
cachacos y vallenatos…”. No hay lugar a dudas: a los bogotanos, como a Samper
y como a mí, nos une un gusto cuasi que psicodélico por el folclor, aunque
siempre he adherido a lo que hace marras dijo “Gabo”: “…No sé que tiene el
acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento…”.
Paz en la tumba del hombre que le enseñó a Samper (y a los cachacos) a amar el
vallenato.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
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