JAIRO "PITIYE" VARELA, EL "NICHE" GRANDE DE COLOMBIA

S

i Jamundí (Valle del Cauca) tiene su “Negra Grande de Colombia” representada en la efigie de la ya fenecida cantautora y folclorista, Leonor González Mina, Quibdó, capital del departamento del Chocó, cuenta entre su abanico de talentos con su “Niche Grande de Colombia”: el maestro Jairo de Fátima Varela Martínez (9 dic., 1949): el tan destacado como extraordinario compositor y cantante que, por el paso de los años, fundó y dirigió hasta su sensible fallecimiento sucedido un 8 de agosto de 2012 el imperioso y aún vigente “Grupo Niche”.

 

Si bien es cierto que podría decirse lo mismo de otro de los hijos predilectos de Quibdó tal como es el caso del afamado trombonista y arreglista, Alexis Lozano, co-creador de Niche y, tiempo después, fundador de la también imperiosa ¡“Guayacán”!, el apodado “Pitiye” por aquello de su notoria delgadez en su juventud así como la del suscrito columnista, evocando cuando, siendo un “chino”, mi finado padre, __por demás, un ferviente seguidor de la música de “Niche”__, me decía con su característico sentido del humor “fideo con ojos”, terminó convalidando por qué sería no solo uno de los máximos compositores musicales en la historia de nuestro país y Latinoamérica sino una eminente leyenda icónica del género salsa a nivel mundial; amén de la loable labor artística que, por más de veinte años, emprendió con la considerada por muchos, —me incluyo—, mejor agrupación de salsa de Colombia.

 

El “Niche Grande de Colombia” (o “Pitiye”) protegido bajo un puro color moreno en todo su ser, nació hace 77 años en el hogar conformado por don Pedro Antonio Varela Restrepo y doña Teresa Martínez de Varela, ella, escritora y pionera, en sus tiempos de antaño, del activismo afrocolombiano en defensa de las causas y los derechos de su gente del Pacífico colombiano, lo cual le inculcó a su hijo que, sin oponérsele a su vocación por la música, terminaría, pues, por brindarle todo su apoyo para que explotara dicho talento desde pequeño dando sus primeros pasos en la agrupación “La Timba” que conformó en su ciudad natal y ya, en calidad de director de “Niche”, tener la grata oportunidad de proyectar varias de sus composiciones en dedicatoria, claro, hacia su pueblo y su gente comenzando, por citar, con una de sus máximas obras cumbre que lleva por título “Atrato viajero” (o “Atrateño” para el álbum “Directo desde Nueva York”).

 

Heredando, sea dicho de paso, la vena literaria de doña Teresa, al tenerse en cuenta que “Difícil” y “Atrato viajero” fueron el despuntar de sus primeras letras de su plena autoría y, por demás, de su carrera como compositor hasta su último suspiro, el transcurrir de su vida, por entre los rincones de Quibdó y Bogotá, finalmente lo llevó a tomar la decisión de emigrar a la ciudad capital con el fin de explotar su vena artística, consolidando así la idea de crear su propia agrupación de salsa como en efecto sucedió, en 1979, cuando, en compañía de Alexis Lozano, fundó el emblemático “Grupo Niche” que, por los albores de la década de los años ochenta, sería acogido, a manera de “hijo adoptivo”, por la “Sucursal del Cielo” (Cali), la “Capital Mundial de la Salsa”.

 

Desempeñándose hasta 2012, lustro de su fallecimiento, en calidad de productor, director, compositor, vocalista y percusionista de güiro, “Pitiye” y su combo conformado por los primeros cantantes que tuvo la agrupación, Héctor “Cuqui” Riveros (fallecido en 2016), Jorge Bassan y Saulo “Sali” Sánchez, se lanzaron al ruedo con el álbum “Al pasito” (Daro Internacional, 1980), entre otras cosas, primer trabajo discográfico de “Niche” que contiene un total de ocho canciones, todas, de la pluma de “Pitiye”, quien, a duo con “Sali”, dieron vida a  “Primer mensaje”, “Cuqui” a “Va pregonando” y “Tiempos de ayer”, Bassan a “Rosa meneo” y una nueva aparición de “Sali”, esta vez, como intérprete (en solitario) de los temas “Pinta pa’ qué”, “A ti Barranquilla”, “Tata el son” y “Al pasito”.

 

Aparte de su pueblo y sus gente, originaria de Quibdó, la ciudad de Buenaventura tendría un primer espacio a través de su recordable composición, “Buenaventura y caney”, que, interpretada por Álvaro del Castillo, cuyo timbre de voz es muy similar al de Rubén Blades, “El Intelectual de la Salsa”, y agregada al cancionero de “Querer es poder” (Codiscos / Internacional, 1981), en el que también participaron los cantantes Omer “Tuto” Jiménez y Floriza Lozano Pino, “La Coco Lozano”, figura histórica de la música colombiana por haber sido la primera mujer cantante de “Niche”, incluye, en su iniciación, una serie de saludos a Puerto Rico, “La Tierra del Jibarito”, Nueva York, Panamá y Venezuela para, acto seguido, rendirle un tributo a la costa del Pacífico y a Buenaventura, destacando la alegría y el sabor de su gente, al unísono con los folclores emanados de la dupla vocal de “Tuto” y “La Coco” “Mi mamá me ha dicho”: un famoso canto y son tradicional del Pacífico, muy conocido al interior del “Cancionero del Chocó”, que habla con humor y picardía sobre consejos de amor y “Nicolasa Santos”, en la cual se rinde homenaje a los ritmos y la identidad cultural afrodescendiente del departamento del Chocó.

 

Inclusive, en un gesto de multiplicidades musicales, el grupo a órdenes de “Pitiye” se animó a interpretar una especie de “Vallenatos en Salsa”, en uso de las clásicas del folclor “Gitana” de Roberto Calderón y el canto universal, “La gota fría”, obra del “Viejo Mile”, Emiliano Zuleta Baquero, agregadas al tercer álbum de la agrupación, producido en 1982, por Codiscos / Internacional, “Prepárate (Grupo Niche Vol. 2)”, con las voces de Óscar Abueta y del Castillo, más la llegada, en el 83, de la ya mencionada letra (o elegía) “Atrato viajero” (o “Atrateño”) que incluida en el proyecto “Directo desde Nueva York” (Codiscos / Internacional, 1983), en referencia a los habitantes de las riberas del río Atrato, la principal arteria fluvial de la región del Pacífico chocoano, lo personifica describiéndolo como un testigo silencioso pero herido que arrastra de manera injusta el dolor, el olvido histórico y las luchas de los pueblos afrodescendientes e indígenas que habitan sus orillas.

 

Los años 1984 y 1985 fueron esenciales para continuar sacando a flote sus dotes de magno compositor. Por ejemplo, en el LP “No hay quinto malo” (Codiscos, 1984), que presentó a la nueva voz cantante del grupo (Alfonso “Moncho” Santana) en compañía de Ostwal Serna en los coros, es el refugio de la colosal “Cali pachanguero” en cuyo pregón, aún memorable, se les advierte a los dos equipos de fútbol referentes de la ciudad, América y Cali, que deben ganar, pues ¡“aquí no se puede empatar”! mientras que “Triunfo” (Codiscos, 1985) fue el “Hall” escogido para exteriorizar otro puñado de sus más proverbiales versos como “Del puente pa’lla” y su sorpresiva puesta en escena en calidad de vocalista de la recordable “Ana Mile”. Conjuntamente, con “Moncho”, hicieron realidad sus canciones “Las flores también se mueren” y “Listo Medellín” para, de nuevo en solitario, entonar su título de corte social “Cicatrices”.

 

Ya para la otra mitad de la década de los ochenta irrumpió con fuerza en “Niche” el vozarrón del reconocible, aunque fenecido salsero boricua, “Tito” Gómez, proveniente de “La Sonora Ponceña”, “La Terrífica” y de Tito Valentín con su “Grupo Ají Bravo” y quien, en 1986, arribó al grupo de “Pitiye” para hacer parte de la propuesta “Me huele a matrimonio” donde cantó la homónima del álbum y el tema “Un caso social” sin obviar que “Pitiye” dio vida a su a hoy conmemorada obra, “Ese día”, y, a manera de agradecimientos, inscribió, como apertura de dicho trabajo musical, las siguientes líneas:

 

·         “…Amigos: Siempre que presento un trabajo, necesariamente tengo que darle las gracias a quienes desde un principio creyeron en nosotros. Hoy sé que están orgullosos de saber que hemos logrado un nivel a base de responsabilidad, dedicación y sacrificio. El cual nos llevará a coronar metas que todos en la vida anhelamos. Este es pues el esfuerzo de muchos con el pensamiento del suscrito para el beneficio de todos. Una vez más gracias. Jairo Varela…”.

 

Así, varias canciones de “Me huele a matrimonio” fueron traducidas a la versión “Con cuerdas” (lanzada en ese mismo 86), a pesar que la principalísima de todas, “Perder para amar”, fue creada y cantada por “Pitiye”, añadiendo, si de homenajes se trata, los discos especiales “Historia musical” (Codiscos, 1987) e “Historia musical Vol. 1” que el sello discográfico e histórico más importante del Perú, Industrias Eléctricas y Musicales Peruanas S.A.C. – IEMPSA realizó en homenaje a “Niche” incluyendo para la ocasión los títulos Cali pachanguero” y “Buenaventura y caney”.

 

Siguió en curso su inspiración lírica, esta vez, desde las cuestiones del amor, cuando, en “Tapando el hueco” (Zeida, 1988) se concentran sus inmortales “Nuestro sueño” y “Como podré disimular”, —en línea con otro de sus bellos himnos como lo es “Mi Valle del Cauca”—, todas las anteriores en la voz de “Tito” y, adicional a este acontecimiento musical, la publicación, en 1989, de otras de sus más reconocibles coplas que, por citar, se intitulan “Mi hijo y yo”, “Atrevida”, “Entrega” y “Miserable” añadidas al listado de canciones de “Sutil y contundente” (Codiscos): espacio en el que, valga resaltar, apareció la figura del afamado intérprete, Javier Vásquez, otra de las glorias (o grandes voces) que ha tenido el grupo a lo largo de su historia.

 

La discográfica IEMPSA no tuvo inconvenientes en lanzar al mercado el homenaje y correspondencia que “Niche” elevó hacia el Perú y su gente descansado en el LP del 89, “Me sabe a... Perú”, que contiene los canticos de “Pitiye” “Cicatrices”, “Cali pachanguero” (en inglés) y “Nuestro sueño” (en violines) hasta la imperiosa llegada de uno de los más grandes álbumes de “Niche”, —o, a mi concepto, el más monumental de todos los tiempos—, en alusión al tan inolvidable “Cielo de tambores” que funcionó como puerta de entrada para iniciar la década de los años noventa y que la magna discográfica Codiscos aprovechó para, delante de su público, exaltar a “Pitiye” a través de la presente nota:

 

·         “...JAIRO VARELA creador del Grupo Salsero “NICHE”, es hoy por hoy, uno de los más talentosos compositores colombianos. Atrás quedaron los malos momentos. Fueron muchas las puertas que se cerraron en pos de lograr, que se le escucharan sus canciones. Esas mismas que llevaba siempre en un cuaderno debajo del brazo y que lo han confirmado como un fuera de serie, en el desarrollo musical de la Salsa. JAIRO VARELA con su tesón y sus obras, recorre el mundo y hace más grande el sendero de la música colombiana. Nos alegra el alma y le dá un color diferente a cada inspiración de aquellas que no tienen voz. JAIRO VARELA es de esos Colombianos de lucha, que no se amilanan por nada en el mundo. Y si surgen dificultades, las domina, se impone ante ellas y las vuelve canciones. CODISCOS...”.

 

Por demás, descubridor de talentos por naturaleza, incluyó en la nómina del equipo a los cantantes Ricardo “Richie” Valdés y Charlie Cardona para, de la mano de Vásquez, le dieran salud y vida a su “Cielo de tambores” a partir de sus canciones de antaño y de antología, —si se me permite el halago, dotadas de hermosura—, “Una aventura”, “Se pareció tanto a ti”, “Busca por dentro”, “Debiera olvidarla” y “Sin sentimiento”, ¡ah!, sin dejar por fuera del tintero a “Doña Pastora” y a las rumberas “Cielo de tambores” y “Cali ají”, porque, como reza su imborrable notificación, ¡“Esto es cuestión de pandebono”!

 

Aquellos años noventa atestiguaron, desde el cosmos de la salsa colombiana e internacional, la forma en que se proyectaba “Niche”, a la sazón de las ilustres grafías de “Pitiye”, que, siendo éxitos para la época y a fecha de hoy, tienen cabida en “Llegando al 100%”, distinguiéndose “Hagamos lo que diga el corazón” y la serenata “Mi pueblo natal” o las del año 93 “Un alto en el camino” y “Duele más”, todas, bajo la inconfundible voz del joven Charlie.

 

Otra de sus más grandes apuestas se haría realidad en 1994 con el lanzamiento de “Huellas del pasado” (Codiscos): sin lugar a dudas, otro de los mejores álbumes del grupo a su mando y en el que el acreditado cantante Willy García hizo gala del total de las piezas de “Pitiye” que conciertan el disco arrancando por la bella y esencial “Gotas de lluvia”, seguida de “Lo bonito y lo feo”, “Se me parte el corazón”, “Verdades que saben”, “Solamente tu” y el lamento cubano “Balseros: testimonios de libertad”. Cabe anotar que Charlie dio vida a “Es mejor no despertar”, Carlos Guerrero a “Bajame uno” y en “Balseros”, Vásquez y Guerrero, acompañaron a Willy.

 

“La magia de tus besos” fue otra de sus poesías que no quedó fuera para anexarla a futuras propuestas, haciéndose pública en “Etnia” (Codiscos, 1995) así como partituras de la talla de “Eres” y “Mecánico” que adornan la grabación “A prueba de fuego” (Sony Tropical, 1997) y la revelación de “Señales de humo” y a “Golpe de folclore” que, a modo de canciones y motes de nuevos álbumes, “Pitiye” y su grupo dieron por finiquitado su periplo musical en el siglo XX.

 

Innovó a “Niche” en los dos mil con un estilo de salsa, en el mejor de los términos, más moderna, a partir de “Propuesta” (publicitado por la casa disquera EMI) y en uso de otros álbumes que lo antecedieron como “Control absoluto” (PPM, 2002), “Imaginación” (Sony Discos, 2004) que trae consigo la balada salsa de su autoría “Ni como amiga…” en la voz de Osvaldo Román y “Alive” (Universal Music Latino, 2005) cuyas canciones de “Pitiye” fueron todo un hit en aquel año recordando a “Hola rola” (en salsa y reggaetón), “Damaris canto” (A mi medida), “Rupelto Mena” y las nuevas ediciones de “Hagamos lo que diga el corazón”, “Del puente pa’lla” y los apartes de la clásica, “Ese día”, conocida en este disco con el nombre de “Faltó un pañuelo”.

 

Valga recordar que, durante su mandato, “Niche” se hizo acreedor de varios reconocimientos, en especial, los “Congos de Oro” obtenidos en los años 1991, 93, 95 y 97, el Premio “Lo Nuestro”, edición 95, a “Grupo Tropical del Año” y la nominación al Grammy Latino, edición 2001, por su producción “Propuesta”.

 

No hubo tiempo para hacer lo que le dijera su corazón. Un 8 de agosto de 2012 falló para siempre dejando una huella no del pasado sino indeleble en la memoria colectiva de una patria entera que hoy más que nunca añora de su viva voz sus más sentidas letras para apaciguar en algo estos tiempos de catástrofe y zozobra: un concierto de la solidaridad en dedicatoria a su pueblo, Chocó, al Valle del Cauca, a Buenaventura y al Pacífico entero donde estuviera presente su imagen y semejanza entonando con firmeza un “Atrato viajero” (o “Atrateño); luego un “Buenaventura y caney”; después un “Mamá me ha dicho” y un “Nicolasa Santos”; en uso de su alegría, amenizar un ambiente, algo taciturno, con un “Cali pachanguero” y un “Del puente pa’lla”; además, sin dejar de lado otro de sus temas de corte social, “Cicatrices”, empuñar los micrófonos para corear con su gente “Mi Valle del Cauca”, “Cielo de tambores” y “Cali ají”; luego, para ir cerrando el telón, despedirse con un “a lo lejos se ve mi pueblo natal” y gritar, a viva voz: ¡“Tu tierra, mi tierra, la tierra de todos: CO-LOM-BIA”!

 

In memoriam de Jairo de Fátima Varela Martínez (Quibdó, Chocó, 9 de diciembre de 1949 – Cali, Valle del Cauca, 8 de agosto de 2012).

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis 

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