JULIO JARAMILLO, "EL RUISEÑOR DE AMÉRICA"

L

os inicios musicales del legendario cantautor ecuatoriano, Julio Alfredo Jaramillo Laurido (Guayaquil, 1 de octubre de 1935; ibidem, 9 de febrero de 1978), datan de la década de los cincuenta del siglo pasado cuando, en “Nuestro Juramento” (Discos T.K.), uno de sus álbumes por excelencia, preludia, con ahínco:

 

(Cito textualmente):

 

“…La voz cálida, de profundas resonancias de Julio Jaramillo trae reminiscencias del Trópico que nos hacen sentir toda la profunda sugestión de su patria: Ecuador. No es posible escapar al encanto de sus interpretaciones. Una vez que se lo escucha quiere volvérselo a oír muchas veces, como para encontrar el porqué de su atracción. Muchas de las composiciones que integran este disco son ya viejas conocidas nuestras: Flores Negras - Tu Pálida Voz; Deuda y otras, han sido escuchadas en la voz de otros cantantes, pero es ahora, cantadas por Julio Jaramillo cuando les encontramos su verdadero significado. El sabe decir cada una de las palabras como su autor las imaginara, poniendo en todas el sentido que les corresponde; su talento interpretativo es capaz de transmitirnos la ternura, el amor, la tristeza, plenamente… tal como lo sentimos. Usted tiene ahora a Julio Jaramillo en su casa; podrá disfrutar de esta selección y soñará con las rumorosas palmeras, la húmeda y ardiente sabana al pie de las montañas y la fresca brisa del mar ecuatoriano, que nos llegan como en un ensueño a través de su música…”.

 

Es que, parece como si dicha esquela hubiese sido publicada ayer, ¿no?, porque, así su presencia física ya no esté inmersa en los históricos del concierto musical latinoamericano del que hice referencia en mi pasada columna, en tributo a “Tite” Curet (11.II.2026), ni que ya su alma no deambule por las muchedumbres que hasta pudieron haberse cortado las venas, al ritmo de sus lamentos, aún su voz perdura en el tiempo, inmersa en un sinfín de reminiscencias, acordes a su estilo. Simplemente encantador: como aquellos ruiseñores de América (en alusión a la digna persona del asimismo apodado “J.J.”; y, a decir verdades, hacia la efigie vallenata de Jorge Oñate, nativa del Cesar) que trovan por los ambientes de ese trópico ecuatoriano y los paisajes de sol que irradian los territorios de nuestro “Nuevo Continente”.

 

El hijo de las recónditas entrañas de Guayaquil, aproximadamente, a 1.058 kilómetros de la frontera colombiana, entre Rumichaca y Tulcán, nacido del hogar de don Juan Pantaleón Jaramillo Erazo y Apolonia Laurido Cáceres, para la época en la que interpretó tan soberbio bolero de la talla de “Nuestro Juramento”, obra del puertorriqueño, Benito de Jesús, asimismo emanó de su voz los pasillos “Sombras” (Carlos Brito) y “Mis flores negras” (adaptada por J. D. Feraud Guzmán) sin tapar con un dedo el vals “Para ti madrecita” de Sergio Bedoya. (Era el año 1959 y ya era todo un consagrado, junto a Rosalino Quintero y su conjunto, en la representación de la música latinoamericana).

 

Pero antes de “Nuestro juramento”, el romancero de dignos boleros, pasillos, valses y tangos aborígenes de la Argentina para la Patagonia y el hemisferio, en general, grabó, en 1952, la composición en honor al político guayaquileño, Carlos Guevara Moreno, “Nuestro líder”, obra del compositor, Rupero Romero Carrión, oriundo de Tixán, pueblo de la provincia de Chimborazo, Ecuador, y posterior a este acontecimiento musical, el surgimiento de su viva voz tanto del yaraví, a ritmo de habanera, propiedad de Alberto Guillen Navarro, rotulado “Pobre mi madre querida”, y el título “Mi corazón” del compositor Gonzalo Vera Santos.

 

Además, por el trasegar de aquella década de los cincuenta, se evidencia el lanzamiento de sus creaciones “Que te perdone Dios” (Bolero) y “Espera”, a modo de vals, más unas otras cuantas más de sus ilustres interpretaciones, en uso de bienquistas líricas como “Te odio y te quiero”; “Hojas muertas”; “Elsa” y “Carnaval de la vida”, aunque si se trata de otro éxito internacional, similar o igual a “Nuestro juramento”, imposible de obviar la oda de Laureano Martínez, “Fatalidad”, que, cantada, en primera instancia, por su compatriota, Olimpo Cárdenas, se halla en el LP de antaño, “Pasionarias”, que Jaramillo realizó con Rosalino Quintero y su conjunto para la discográfica “Tropical”, así como también adorna el cancionero de la propuesta de Onix, “15 años de éxitos” (1970) que trae a colación la ya citada “Nuestro juramento” (B. de Jesús) y Naufrago de amor” escrita para la época por Manuel Mesías Sánchez.

 

A pesar de sus numerosas producciones musicales, entre álbumes de estudio, duetos y recopilaciones, antes y después de su sensible fallecimiento, acaecido en Guayaquil el 9 de febrero de 1978, sustentan su carrera artística álbumes de la talla de “Julio Jaramillo – El criollo romántico”, avalado por Sol Records, “Serenatas” (Onda Nueva Records), “Caraqueñita”, producido por NuVox, en 1962, y “Le canta a Venezuela – “¡Mire comadre, mire!

 

Y pese a que se tiene registro de que, en 1965, Criney Records lanzó al mercado el LP, “El nuevo estilo de Julio Jaramillo”, cabe anotar que, por allá en 1967, se hicieron efectivos los lanzamientos de las propuestas fonográficas “Sabor en la playa” (Virrey), “Llamándote eternamente” (Discos Peerlees) y “Canta para Venezuela” (RCA Victor), acompañada de la clásica, “Presentimiento”, propiedad de Amilcar Segura.

 

Si, en 1970, cantó el bolero de Valladares, “El contragolpe”, incluido en la lista de canciones de “Migajas” (Onix) y en el 74 el tema “¡Ay, mexicanita!”, prácticamente, se puede decir que convirtió a Colombia en su segundo terruño musical dado que los trabajos musicales “La voz del pasillo” (1972) y “Un disco más” (1976) (entre otras cosas, título de la canción, insigne de aquella era, realizada junto a la Orquesta de Tomás Urbano), fueron avalados por la inmemorial, Sonolux, mientras que Costeño / Codiscos (o Zeida), publicó “Los amantes de enero” en el cual, se halla inmerso el bendito vals, “El rosario de mi madre”, bajo la sentida composición atribuida al músico peruano Mario Cavagnaro Llerena.

 

Hablando de Codiscos, esta casa disquera no tuvo inconvenientes en juntar a dos grandes de la canción: Julio Jaramillo y Alci Acosta, en suma, uno de los tantos embajadores de nuestra añorada música colombiana con el orgullo a cuestas no solo de haber grabado con J.J. y la “Sonora del Palmar” los excelsos duetos “¡Buena esa! Y “Más allá del éxito” __ambos publicitados en 1968__ sino, tiempo después, el interpretar la ya referenciada “El contragolpe”.

 

En ese orden de ideas, la primera propuesta de dueto acompañada de portentosos clásicos encabezados por la ranchera “Llorona” (D. R. de A.) y los boleros “Parece que fue ayer” (Armando Manzanero) y “Lágrimas de sangre” de Roberto Jiménez, cuenta con una exquisita apertura que vale la pena reproducir:

 

·         ¡Buena esa!:


“…Dos astros populares, valorados en la medida de sus canciones. Alci Acosta, vendedor insuperable, se acerca otra vez al gusto de la “Gran Masa” colombiana, acompañado del no menos famoso Julio Jaramillo. Hay algo sorprendente en este disco: el acople de voces. Alci y Julio nunca antes unieron sus voces. Lo hacen exclusivamente y por primera vez para este álbum. En la realización de una idea del productor Guillermo Diez. De allí que quedáramos estupefactos cuando escuchamos la primera grabación: sincronización ideal, contrastes inmejorables, estilo excepcional, en fin… ¡un éxito! Y unidos al éxito de esta iniciativa, concurren doce sucesos musicales extraordinarios, algunos interpretados a dúos y otros individualmente, señalados para un objetivo: ¡El Triunfo! Alci Acosta ascendió mucho el año pasado. En su trayectoria hay una espiral increíble. El Mercado Internacional del Disco y la Edición Musical reunido en Cannes (Francia) le otorgó el Trofeo Midem 1967 por ser el artista nacional más destacado en el mismo año. ALCI ACOSTA es un fenómeno. Julio Jaramillo es más veterano como cantante. De nacionalidad ecuatoriana, ha recorrido la mayoría de las naciones latinoamericanas llevando el mensaje de sus éxitos. Recordemos “Rondando tu Esquina”. En estos momentos es uno de los ídolos populares más aclamado en México y Venezuela. Reunimos para usted a dos ídolos auténticos, interpretando los sucesos de ahora, con el condimento instrumental de la “Sonora del Palmar” y arreglos de Juancho Vargas… y anticipándonos a su exclamación denominamos este disco: ¡BUENA ESA!...”.

 

Si esto significó, en su máximo esplendor, la primera propuesta, la segunda no escatimó en detalles para traer consigo títulos de la talla de “Cuando salí de Cuba” (Luis María Aguilera Picca), “Odio gitano” (Cristóbal San Juan) y “Cenizas” de Wello Rivas.

 

* * *

 

Ha llegado la hora de rememorar la imagen y semejanza del “Ruiseñor de América, __por qué no, con una botella de aguardiente de esas que se ingieren para combatir el frío bogotano__, y al son de unas cuantas melodías (o valses) que rodarán a través de un viejo tocadiscos, cantarle, pues, con miras al cielo, varias de sus tonadas, en especial, “Reminiscencias” (Luis Aguirre Pinto); “Para que se quiere” (Miguel Ángel Puerta); “Los versos para mi madre” (A. de Angelis-Roberto Arrieta-Alejandro Mariscotti); “Ódiame” (Rafael Otero); “Te esperaré” (Jimmy Vicenty); “No me toquen ese vals” (Cuco Sánchez) y “Que nadie sepa mi sufrir (E. Diceo-A.Cabrel); todas estas encontradas, a manera de papiros sin desenvolver, en “Reminisencias y otros valses inolvidables” que producido por Codiscos, en 1968, contiene la siguiente coletilla:

 

“…Aquellos inolvidables años de la década del 40 representaron para Colombia influencias musicales, ahora tradicionales. Francisco Canoro, Pepe Aguirre, La Panchita, Los Embajadores, entre otros, cimentaron su prestigio en la bohemia de entonces y en los valses peruanos, argentinos y chilenos. Esa inocultable popularidad del vals en el periodo señalado, proporcionó a las décadas siguientes el recuerdo feliz de las canciones o las nuevas generaciones. En la agonía de la década presente, surgen sorpresivamente tres grandes éxitos: Amémonos, Tus Labios y Reminiscencias. Los tres se mecen popularmente sobre el vaivén del suceso, semejando el compás de su ritmo. Y uno de ellos se apresta a distinguir este álbum: REMINISCENCIAS. “Reminiscencias y otros valses inolvidables” lleva la responsabilidad del ecuatoriano Julio Jaramillo, quien de veras queda situado en su medio al interpretar las canciones de este disco. Es su “especialidad” y su “pasión”. Así concurren los éxitos a la cima de la popularidad y se hacen imperecederos cuando un artista de la talla de Julio Jaramillo los adapta a su estilo excepcional…”.

 

Julio Jaramillo, el “Ídolo del Pueblo”. Del hoy. Del mañana. Y, sin sonrojo, del futuro.

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis 

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