SILVIO BRITO, LA VOZ MÁS CLARA DEL VALLENATO
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semejable
a la semblanza que hace un cuarto de siglo interpretó el ya fenecido, aunque
reconocidísimo cantautor cubano, Fernando Borrego Linares, más conocido en el
ámbito artístico con el mote de “Polo” Montañez, —aquel cantor de la oda de su
autoría, “Un montón de estrellas”—, el “Guajiro Natural”, Silvio de Jesús
Brito Medina (24 de enero de 1953), ostenta al igual que un cierto número
de cantantes vallenatos su respectivo seudónimo que inscrito en mayúsculas como
“La voz más clara del vallenato”, sin duda, lo adentran en el listado de
las figuras musicales más prominentes del folclor.
(Es
decir: sin sonrojo, comparte ese honor junto a insignes personajes de la talla
de el “Rey de la Guaracha”, Aníbal Velásquez; el “Tres veces 'Rey Vallenato'”,
Alfredo Gutiérrez; el “Jilguero de América” o “Ruiseñor del Cesar”, Jorge
Oñate; el “Pulmón de Oro”, Tomás Alfonso “Poncho” Zuleta; el “Cacique de La
Junta”, Diomedes Díaz; la “Voz”, Miguel Morales, y hasta con “Beto” Zabaleta y
Rafael Orozco para cerrar con “broche de oro” este digámoslo sucinto “hall de
la fama”).
Dicho
lo anterior, el oriundo del municipio de Fonseca (La Guajira), hijo de Silvio
Brito y Flor Medina, y quien desde chico se fijó la meta de convertirse en un
grande de la bendita música vallenata, ingresó, con tesón, a las lides del
folclor que para entonces se fraguaban cuando, a mediados de los años setenta,
del siglo pasado, fue convocado para hacer parte de la agrupación de Jesús
Torres en cuya oportunidad, desde luego, no sólo puso a prueba su “voz
clara” (que por algo más de medio siglo lo ha acompañado en escena) sino, a la
postre, sus aptitudes en lo que respecta a la composición de versos vallenatos.
Así,
pues, fue, en 1974, que, Sudamericana del Disco, lanzó al estrellato el LP
“Jesús Torres y sus Provincianos” adornado por los temas esenciales al
unísono, en las voces de Brito y Torres, “Ay, ay, ay” y “Vive tu vida” (ambas,
escritas por Torres) / “La niña Ceci” (Cabas; de la Espriella) / “El
provinciano de Álvaro Tovar V.; y en el cual, se registran las composiciones de
Brito, “El solterito” y “El heredero”, exteriorizadas de su viva voz.
Pero
su carrera no sería efímera, en absoluto, pues, dicha experiencia, junto a
Torres y sus Provincianos, lo llevó a “aterrizar de pie” en el conjunto de
los “Hermanos Meriño” con quienes tuvo oportunidad de llevar a cabo la
realización de las producciones discográficas, bendecidas por Costeño /
Codiscos, “Amor eterno” (1977) y “El nuevo poder vallenato”, en su máximo
esplendor, consolidado en 1978.
Ambos
musicales, amenizados con las notas de acordeón de Osmel Meriño, —sea dicho
de paso, con quien Brito sostuvo un segundo encuentro, entre 1989 a 1994—,
se destacan, el primero, por los títulos integrados en su cancionero, a modo de
paseos vallenatos, “Huellas de un recuerdo” (Julio Baldeblanquez) y “Llegaste a
mí” de la autoría de Roberto Calderón Cujía; y la segunda propuesta por el
paseo de antaño, “Contigo y sin ti”, creado para la ocasión por Hernando Marín.
Si bien es cierto que, de otrora, Torres y Meriño, actuaron como sus compañeros de fórmula en general, no puede obviarse que continuó construyendo la senda del triunfo, ahora, en un tercer momento, junto al “Rey Infantil” (1975), “Rey Vallenato” (1984) y Rey en el “Cuna de Acordeones”, 1988, Orangel el “Pangue” Maestre: extraordinario acordeonero, hijo de Villanueva (La Guajira), quien lo acompañó por espacio de 5 años consecutivos, desde 1978 a 1982, sin obviar los álbumes que, tiempo después, realizaron durante el desarrollo de los lustros 1987, 1988 y 1998, respectivamente.
Entonces, Brito y el “Pangue”, avalados por la discográfica, Costeño / Codiscos, hicieron realidad los proyectos musicales “Horizonte” (1978); “Dominando el panorama” (1979); “Esto se respeta” (1980); “Los consentidos” (1981) y “Camino alegre – Los consentidos”, lanzado en 1982; y que, revisadas las pistas musicales que componen los anteriores, se destaca un interesante laboratorio de sonidos, entre cajas, guacharacas y acordeones, emergido de unas cuantas canciones, hoy vivas en la memoria colectiva del público vallenato y de la talla de, por citar, “Romanza” y “Mi poema” (ambas, de Rosendo Romero) / “El mocoso”, “Sentencia” y “Tempestad” (las anteriores, propiedad de Hernando Marín) y “Solo promesas”, producto del ingenio de Mateo Torres.
Y si,
para los años, 1983 y 1984, hizo dupla con Ciro Meza en la consumación de los
álbumes, asimismo producidos por Costeño / Codiscos, “Somos diferentes” y “Vivo
cantando”, inclusive, con la aparición en esos años de las recordables, “Pecadora”
(Marín) y “Me quito el nombre” (Calderón), Nicolás “Colacho” Mendoza fue su
compañero de fórmula en el acordeón para llevar a cabo la puesta en marcha de los
trabajos discográficos, apoyados por la antigua CBS, “Linda costeña” (1985) y
“La diosa coronada” (1986).
En
ese sentido, dada la importancia de dicha unión vallenata, vale la pena, pues, transcribir,
textualmente, los introitos de antaño que, aún, inauguran los discos, ya
citados, de la siguiente manera:
·
“Linda
costeña”:
“…Salud!... La música conduce a la evolución de los sentimientos, y a la comunicación eterna de los seres humanos. CBS la compañía de la música, se enorgullece presentar el fabuloso encuentro de “COLACHO” MENDOZA y SILVIO BRITO. Sea ésta la oportunidad para que todos los vallenatólogos del mundo aplaudamos al maestro del acordeón vallenato “Colacho” Mendoza en sus 25 años de “Amor y Lucha” por el folclor más auténtico de los últimos tiempos el vallenato, y también para dar la más calurosa bienvenida al talentoso Silvio Brito “La Voz de Upar”… A. G. …”.
·
“La
diosa coronada”:
“…“CUANDO LA REINA MUEVE EL CADERAJE SE SIENTE EL
REY MAS ENGREIDO”. La famosa “DIOSA CORONADA”, el amor esquivo del Poeta
Leandro Díaz y cuyo renombre traspasó su sentido regional, para convertirse en
tema central de la obra “El amor en los tiempos del colera” del premio Nóbel
Gabriel García Márquez, se escucha de nuevo, bajo el acorde musical de quien,
hace por lo menos 20 años lo grabó “Colacho” Mendoza. La leyenda cobra vigencia
en las manos mágicas del Gran Colacho. Ganador en 1969, del II Festival Vallenato,
al lado de Rodolfo Castilla y Adán Montero. Silvio Brito y Colacho Mendoza
agigantados en el laborioso peregrinaje de nuestras muestras comunicadoras: Los
Paseos, Sones, Merengues, y Puyas y, los Cantos Vallenatos que constituyen la
narrativa de un Pueblo, de una generación, que busca ampliar su presencia en
los procesos sociales que vive cada pueblo colombiano. Silvio Brito, brota de
esa inmensa naturaleza Vallenata, como una de las voces privilegiadas,
“Colacho” Mendoza, mantiene vivo los viejos sones de la provincia.
Folclóricamente. FERCAHINO…”.
* * *
Había
advertido con anterioridad de un reencuentro entre Brito y Osmel, pero, en uso
del término popular, “como el orden de los factores no altera el producto”, entonces,
en primera instancia, recuérdese que Brito y el “Pangue” se reencontraron
entre los lustros 1987 y 1988, en grabación de los títulos bendecidos por la
CBS “De nuevo ‘Los consentidos’” y “Silvio y El Pangue”.
A
propósito, en “De nuevo ‘Los consentidos’”, aparte del “Corazón vallenato” de
Julio Oñate, se da cabida al himno oficial del Festival de la Leyenda
Vallenata, creado por Rafael Manjarrez, intitulado, “Ausencia sentimental”; y
si de más homenajes se trata, qué decir de la aparición de “Fidelina”, obra del
primer “Rey Vallenato”, Alejo Durán, inscrito a través de la propuesta
artística, “Silvio y El Pangue”.
Ahora
bien: ya, en una segunda instancia, subráyese que Brito y Osmel sellaron una
nueva era bajo la razón musical “Los consentidos”.
Dicho
lo anterior, fue así como, en 1989, saltaron al ruedo con “Oscuro y claro”
(CBS), principalmente dilucido con el tema “Carmentea” de Miguel Ángel
Martín; más la apertura de la década de los años noventa en uso del
especial, “Apaga la luz” (CBS), que trae consigo, por ejemplo, “Sobre mi vida y
la tuya” de Iván Ovalle y el pasaje, a manera de merengue, “Hay mi llanura”,
idealizado por Arnulfo Briceño.
A
partir de 1991, Tamborito / Sonolux se hizo con sus servicios musicales. Y fue
en ese año, amparado en el proyecto discográfico, “Nadie nos puede vencer”, que
se hizo efectivo otro de sus más recordados clásicos vallenatos titulado, “De
un diamante a un rubí”, propiedad de Ovalle.
Casa
disquera que, por demás, dio a conocer otro puñado de canciones a hoy
recordables como “Tu eres el amor” (Torres) agregada a “Un mundo nuevo” (1992);
las conocidísimas “En carne propia” (Luis Egurrola) y “A mis hijos porqué”
(Torres) que hacen parte del cancionero de “Tiempos de gloria” (1993); “Devuélveme
la vida” (Romualdo Brito) y “El amor es así” (Robert Oñate), __ésta
última, homónima del título del disco, publicado en 1994__; así como
también, llevó a cabo (Sonolux) los lanzamientos de los álbumes “Así es mejor”
(1996) y “No mires atrás” (1997) realizados por Brito junto al acordeón de
Harold Rivera.
Los
últimos tiempos musicales de Brito tienen su brillo especial en “Los
insuperables”, producido por All Music & Marketing, en 2004, que,
realizado junto a Jhony Gámez en el acordeón, contiene unos cuantos bellos
títulos en referencia a “Adiós amor” (Oñate), “Sólo fuiste olvido” (“Luiso”) y
“Ahí va la reina” del compositor Reinaldo el “Chuto” Díaz, no obstante, en el
último especial que realizó junto a el “Pangue” con un “Por siempre” de por
medio, producido por la BMG Colombia en 1998, se halla el “Mosaico ‘Nostalgia
Vallenata’”: ese mismo que, de seguro, cantó, a viva voz, en su pasado
onomástico, en remembranza hacia las melodías que lo componen: “A petición” (el
“Pangue”) / “Sueño con María” (Ramón Vargas) / “Romanza” (Romero) / “El mocoso”
(Marín) / “Solo promesas” (Torres) / “Dónde andará” (Alejo Durán) / “Tanto como
la quería” (Luis Durán) y “Besos” de la autoría de Tomás Darío Gutiérrez.
En
suma, que la “voz clara” del maestro, Silvio Brito, se mantenga ¡hasta el año
tres mil!
Nicolás Fernando Ceballos Galvis
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