ALEXIS LOZANO, DE NICHE A GUAYACÁN

D

e la olvidada tierra chocoana no solo son oriundos de aquella “Chocquibtown” o el emblemático “Profe” Maturana; también lo son dos estandartes de la historia de la salsa colombiana que, en calidades, prácticamente, de prohombres artísticos, revolucionaron el género en Colombia: Jairo Varela y Alexis Lozano, éste último, en su calidad de músico, director, productor y, a la postre, cocreador, junto a Varela, del afamado, “Grupo Niche”, y, tiempo después, creador y, actualmente, director musical de la también emblemática “Guayacán Orquesta”.

 

Es que, claro, estandarte primario de nuestra salsa, sin duda, el legendario, Álvaro José Arroyo, “El Joe”, integrante de las inmemoriales, “The Latin Brothers” y “Fruko & Sus Tesos”, y precursor de un tal, “Joesound”, en el que mezclaba instrumentos típicos de la salsa tradicional con fuertes influencias de la música africana y el sonido de las bandas de pueblo del Caribe, pero las posteriores apariciones de las figuras de Varela y Lozano proyectaron una nueva esencia en el panorama salsero nacional al punto de, reitérese, llevar a cabo las puestas en escena de las, incluso, internacionales, Niche y, luego, __ya, al mando de Lozano__, con la aparición de “Guayacán”.

 

El hijo de Quibdó, Lozano, (10 de julio de 1958), esa importantísima región de nuestro Pacífico, limítrofe con Medio Atrato (al norte); al sur con Río Quito y Lloró; al oriente con El Carmen de Atrato; al nororiente con el departamento de Antioquia y al occidente con el Río Atrato y el municipio del Alto Baudó, nació con la música por dentro: en suma, el muchacho, Alexis, hijo de los educadores, Celio y Consolación, se hizo guitarrista, en un abrir y cerrar de ojos, gracias a las enseñanzas que le impartió su hermano, Evelio; después pasó a liderar la escuela musical, “Los Tremenditos”, y, en últimas, emprendió caminos para formarse en la escuela musical de la Catedral de Quibdó donde tomó clases de solfeo y gramática musical.

 

Alexis con “Niche”

 

Curtido en estas cuestiones de la música, fue hasta 1978 que se presentó el interesantísimo escenario artístico y, __por qué no cultural__, para, en conjunto con Varela, llevar a cabo y de manera más que perfecta la fundación de “Niche” con la presentación, dos años más tarde, de la primera propuesta, “Al pasito”, producida por la discográfica, Daro Internacional, y en la cual se reúnen los temas, propiedad del apodado, “Pitiye” (Varela), “Al pasito”; “Primer mensaje”; “Pinta pa’ qué”; “A ti Barranquilla” y “Tata y el sol”, __cantadas por Saulo “Sali” Sánchez__, “Va pregonando” y “Tiempos de ayer”, __exteriorizadas por Héctor “Cuqui” Viveros__, “Rosea meneo”, __en la voz de Jorge Bassan__, más la participación vocal de “Pitiye” en “Primer mensaje”.

 

Subsiguiente a este acontecimiento sonoro, por ejemplo, en “Querer es poder”, (Codiscos, 1981), aparecen los éxitos, escritos por “Pitiye”, “Mi mamá me ha dicho”, (Varela / Del Folclor Chocoano), __cantada por Cocó Lozano__, y, “Buenaventura y caney”, __en la voz de Álvaro del Castillo__, sin evadir la versión en salsa que el grupo llevó a cabo con los vallenatos de florilegio, “Gitana” (Roberto Calderón), __interpretada por del Castillo__, y “La gota fría”, __el vallenato más universal de todos los tiempos que, en la voz de Óscar Abueta, recuérdese, es la obra maestra del “Viejo”, Emiliano Zuleta Baquero__, y, sin dejar de lado, pues, el tema, “Suruco”, (Varela / Del Folclor Chocoano), cantado por del Castillo, y aparecido, __así como los himnos vallenatos ya anotados__, en el proyecto del año 82, “Prepárate” (Codiscos).

 

A fin de cuentas, Lozano decidió poner fin a su ciclo en “Niche” al dejar huella grande en la producción del formato o álbum de estudio, “Directo desde Nueva York”, lanzado, en 1983, por Codiscos e Internacional Records, y en el que se hallan, aparte de las publicadas en 1980, a modo de segundas versiones de los títulos “A ti Barranquilla”, __en la voz de Tuto Jiménez__, y “Al pasito”, __cantada por del Castillo__, asimismo se congrega en la lista de canciones el tema, “Atrateño”, que, escrito por “Pitiye”, en el mismo se le agradece al pueblo de Cali por el apoyo masivo hacia el grupo en general.

 

Si, en su juventud, Lozano comenzó a cosechar una notoria experiencia musical, “Niche” fue la base para exponer todo su potencial; mismo que lo llevó a crear la afamada “Guayacán”.

 

Alexis con “Guayacán”

 

Lo que, en un primer término, se llamó “La Orquesta Madera de Colombia”, fue, en la práctica, la arquitectura que hizo realidad a “Guayacán”. 

 

Así que, fue con “Llegó la hora de la verdad”, (Sonolux), que, en 1985, inició carrera y competencia “de la buena” a “Niche” la “Guayacán” de Lozano: disco totalmente interpretado por la voz líder de ese entonces, Richie Valdés, y destacado, entre otras, por las letras “Vas a llorar”, __coescrita entre Macario Benítez y Lozano__; el título, “Tócame la clave”, __obra de Lozano__; “Mi guaguancó” del mismísimo, Richie, y la versión de la ranchera de Juan Gabriel “Se me olvido otra vez”.

 

Adicional, en 1987, presentaron al público el LP, “Que la sangre alborota”, (Sonolux), sustentado, en gran medida, por la letra, __válgase el término, fundamental__, “Lamento chocoano”, de Miguel Vicente Garrido, y, en línea con la anterior, las ideadas por “El Brujo”, Alfonso Córdoba, “Nostalgia africana” y “Son cepillao con Minué”, o las inscritas por Richie, “Falso amor” y “Cantando y sonando”, mientras en el párrafo inicial de la presentación del trabajo discográfico resalta un interesante contexto que reza de la siguiente manera:

 

(Cito textualmente):

 

·         “…La Orquesta Guayacán fue conformada en enero de 1983, en Quibdó y desde el primer día, el sonido de su música ha mantenido una consigna de calidad y autenticidad. Esta autenticidad tiene mucho que ver con la historia y tradición misma del Chocó, olvidado rincón de mayoría negra cuyos antepasados en tiempos de la esclavitud, huyendo del yugo feudal prefirieron adentrarse en la inexpugnable región del Pacífico colombiano. Allí sus gentes recibieron con menor intensidad el ir y venir de europeos y se conservó la esencia africana en su raza. Esa pureza de raza y pueblo la conserva Guayacán, la agrupación salsera colombiana que sabe llegar hasta el fondo de la sensibilidad de quienes aman los ritmos fuertes latinoamericanos y saben distinguir un buen estilo y calidad…”.

 

* * *

 

Si el acápite anterior se mantiene, sin sonrojo, vigente, hasta nuestros días, valga agregar que, Lozano y su muchachada, cerraron los ochenta con las propuestas “Guayacán es la orquesta” (Martínez Records, 1988) y “La más bella” (FM, 1989): aposento del himno, “Cocorobe”, imaginado por “Nino” Caicedo y Tuti Katreene.

 

Misma dupla de compositores que presentaron a Lozano la recordable canción “Un vestido bonito”, la cual, en conjunto con la versión de “Yolanda”, obra de Pablo Milanés, fueron agregadas al cancionero de “Cinco años aferrados al sabor”, de igual manera, bendecido por la FM, en 1991, mismo lustro en el que, dicha disquera, lanzó al estrellato el proyecto, “Sentimental de Punta a Punta”, que, realizado bajo las voces de John Lozano, Carlos Brito y Jairo Ruiz, dejó para la historia de la salsa colombiana las aún memorables de “Nino” “Invierno en primavera”; “Cada día que pasa”; el “Te amo, te extraño” y la superbailable “Oiga, mire, vea”.

 

Otros álbumes de los años noventa que podemos rescatar de la imperial “Guayacán”, __claro, avalados por la FM__, son, por citar, “Con el corazón abierto” (1992) acompañado de las letras de “Nino, “Amor traicionero” y “Más que sexo”; “A verso y golpe” (1993); “Marcando la diferencia” y “Como en un baile” (1995), __especialmente reconocible por el “Guayacán Vallenato” al ritmo de “La caja negra” del “Pollo Vallenato”, Luis Enrique Martínez, y los cánticos del maestro Escalona, “El mejoral” y “El chevrolito”, y el “Guayacán pasodobles” al son de “España Cañi (Pascual Marquina); “Ni se compra ni se vende” (Gijarro - Mon Real); “Feria de Manizales” (Juan Mare Asins - Guillermo González); “Silverio” (Agustín Lara) y “Te quiero porque te quiero” (Sergio González)__, más el disco de 1997 “Con sabor tropical”.

 

Al unísono, considerar, a grandes rasgos, los proyectos con los que “Guayacán”, __bendecidos por la filial mexicana de música, Musart, en unión con la FM__, finalizó el siglo XX de la mano de su compilado de fiestas, a través de “Nadie nos quita lo bailao” (1998), y “De nuevo en la salsa” (1999) con la canción de “Nino”, “Dormida en mi hamaca”, (o “Estando contigo”), que “pegó” en las fiestas decembrina de aquel lustro.

 

Para este siglo XXI, Lozano y “Guayacán”, conquistaron el mercado musical con álbumes de la talla de “No llores por él” (Discos Continental, 2000), “Otra cosa” (Sonolux, 2003) y, por cierto, con el muy afamado de 2005, “Xtremo”, (Sony BMG Music Entertainment Colombia) que, en la voz del cantautor puertorriqueño, Pedro Arroyo, se dio vida a los hits de ese tiempo ¡“Ay amor, cuando hablan las miradas”! y “Cambiaré por ti”, ambas, de la autoría de “Nino”.

 

Hasta con “Bueno y más”, disco del 2009, apoyado por la Sony Music Colombia, y cantado por los intérpretes Mauro Gómez, Win Perea y Yan Collazo, la “Guayacán” de Lozano irrumpió en los nuevos estereotipos de la salsa, entre bailable y romántica, en interpretación de las canciones de grata recordación “Carro de fuego”, “Mujer de carne y hueso” y “La más bella”, todas, bajo el poder de la estilográfica de “Nino”.

 

Alexis y su muchachada siguen dando lidia: ya no es un secreto a voces que recostados contra unos árboles de nombre Guayacán exclaman, a viva voz, un ¡“Oiga, mire, vea”! vénganse a Cali (y a Chocó) para que vean con un público que, lleno de regocijo, los vislumbra en un invierno en primavera.

 

¡Feliz cumpleaños, Maestro Lozano!

 

¡Qué, qué, qué, qué, queeeé!

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis 

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